Rosario y la región: Atanor desmantela su planta en San Nicolás tras 20 años de lucha vecinal
Después de dos décadas de denuncias, seis causas judiciales y una explosión de atrazina en 2024, la multinacional Atanor comenzó a desmantelar su planta de agroquímicos en San Nicolás de los Arroyos. Siete directivos de la empresa enfrentan audiencias indagatorias entre agosto y septiembre. Los vecinos celebran pero advierten que queda pendiente la remediación ambiental de un daño que lleva décadas.
Gabriel Godoy salió a la calle el 4 de junio y vio algo que llevaba más de veinte años esperando: los grandes tambores de Atanor cargados sobre camiones, abandonando el barrio Los Fresnos de San Nicolás de los Arroyos. Se subió a la moto y los siguió durante varias cuadras gritando "¡Fuera Atanor!". Una escena que resume décadas de lucha popular contra una de las plantas de agroquímicos más cuestionadas del país.
Atanor, productora de glifosato, atrazina y 2,4D, pertenece al grupo multinacional Albaugh LLC, con sede en Estados Unidos y presencia en Canadá, México, Brasil, Argentina y Europa. La planta de San Nicolás era una de sus tres instalaciones en el país, junto a las de Río Tercero (Córdoba) y Pilar (Buenos Aires). Durante años, los barrios lindantes convivieron con olores nauseabundos, contaminación del agua y un aire que muchos vecinos describen como irrespirable.
El cierre no fue un regalo de la empresa: fue arrancado a fuerza de dos décadas de denuncias públicas, seis causas judiciales en fueros nacionales y provinciales, un recurso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos y, finalmente, la explosión de un reactor de atrazina en marzo de 2024 que terminó de exponer ante la opinión pública lo que los vecinos venían denunciando desde los años 90. Esto es lo que pasa cuando el Estado mira para otro lado durante veinte años: la gente paga con su salud.
La madrugada del 20 de marzo de 2024 quedará grabada en la memoria del barrio. Una explosión sacudió la zona y de inmediato los vecinos sintieron ardor en los ojos y la garganta. Durante horas, ninguna autoridad ni la empresa dieron explicaciones. Mientras tanto, una lluvia de partículas blancas —que luego se identificó como atrazina, un herbicida tóxico— caía sobre casas, veredas y patios. Miriam González, de 69 años, vecina del Barrio Química desde hace medio siglo, lo vivió en carne propia: "Como era verano teníamos todo abierto. Cuando me asomé y vi esa especie de 'nieve' enseguida cerré todas las puertas y las ventanas. Durante dos días estuvimos encerrados sin que nadie nos dijera nada. Se nos terminó la comida y el agua".
González también recuerda la "nube amarilla" de mediados de los 90, los primeros olores ácidos, y cómo con los años empezaron a multiplicarse los casos de cáncer de colon, esófago y mama en el barrio. "Se empezaron a morir: el de la esquina, el de la otra cuadra", describe. Ella misma va por su quinta operación de riñón por cálculos que los médicos no logran explicar. El cuerpo de los vecinos lleva escrita la historia de la contaminación.
Ahora, con el desmantelamiento en marcha, la justicia avanza. El Juzgado Federal N°2 de San Nicolás fijó entre el 26 de agosto y el 10 de septiembre las audiencias para las declaraciones indagatorias de siete directivos de Atanor, en el marco de una de las causas por contaminación. En ese mismo expediente también están imputados funcionarios bonaerenses, lo que confirma que la complicidad con el poder político fue parte del problema durante años.
Pero el cierre de la planta no cierra el problema. El desmantelamiento abre una nueva etapa, quizás la más compleja: determinar la dimensión real del daño ambiental acumulado durante décadas, definir qué tareas de remediación serán necesarias y, sobre todo, establecer quién pagará esa remediación. Porque si algo enseña la historia de los pasivos ambientales en Argentina es que las empresas se van y los vecinos se quedan con el suelo contaminado, el agua envenenada y las enfermedades.
La lucha de los vecinos de San Nicolás es un espejo de lo que ocurre en decenas de comunidades de la región pampeana, donde la expansión del modelo agroquímico se hizo a costa de la salud popular. Que una multinacional haya tenido que retroceder después de veinte años de resistencia es una victoria que hay que reconocer. Pero la victoria real llegará cuando haya remediación efectiva, cuando los responsables sean condenados y cuando ningún barrio obrero vuelva a ser el patio trasero de una empresa que produce veneno.
Preguntas frecuentes
¿Por qué cerró la planta de Atanor en San Nicolás?
Después de 20 años de denuncias vecinales, seis causas judiciales, un recurso ante la CIDH y la explosión de un reactor de atrazina en marzo de 2024, la empresa comenzó el desmantelamiento de su planta en junio de 2026.
¿Qué producía Atanor en San Nicolás?
La planta producía glifosato, atrazina y 2,4D, tres agroquímicos considerados contaminantes y nocivos para la salud humana y el ambiente.
¿Habrá juicio penal por la contaminación de Atanor?
Sí. El Juzgado Federal N°2 de San Nicolás fijó audiencias indagatorias para siete directivos de la empresa entre el 26 de agosto y el 10 de septiembre de 2026. También están imputados funcionarios bonaerenses.
¿Quién se hará cargo de limpiar el suelo contaminado por Atanor?
Esa es la pregunta clave que queda abierta. Aún no está definido quién financiará y ejecutará las tareas de remediación ambiental del predio y los suelos afectados por décadas de actividad.