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Sociedad

Rosario: el drama oculto de los chicos sobreestimulados por las pantallas

Franco Giallo • 9 de abril de 2026

La exposición constante a dispositivos está generando una generación de niños que no pueden concentrarse en nada que no sea rápido e intenso. Los especialistas advierten sobre un problema que crece en silencio y afecta el sueño, la atención y el desarrollo emocional.

Lo que está pasando en las casas de Rosario y toda Santa Fe no es normal, aunque ya nos hayamos acostumbrado. Chicos que no pueden estar cinco minutos sin una pantalla, que se desesperan si el wifi anda lento, que duermen mal y se levantan irritados. Según informó Rosario3, estamos ante una epidemia silenciosa: la sobreestimulación infantil por exceso de pantallas.

La escena es la misma en Fisherton, Pichincha o el centro rosarino: pantallas en la mesa familiar, en el auto camino al colegio, antes de dormir y muchas veces también al despertar. "Lo que no siempre es evidente es el efecto acumulativo de esa exposición constante", advierte el informe. Una sobreestimulación que el cerebro infantil todavía no está preparado para procesar.

¿Pero qué carajo está pasando realmente? A diferencia de los pibes de antes, que se entretenían con tres piedras y un palo, los chicos de hoy crecen bombardeados por información inmediata, visualmente intensa y que no para nunca. El problema no es solo cuánto tiempo pasan pegados a una pantalla, sino la velocidad y calidad de los estímulos que reciben.

El cerebro de un pibe está en pleno desarrollo. Necesita pausas, aburrimiento, juego libre. Pero cuando está expuesto constantemente a estímulos intensos como videos cortos de TikTok, juegos rápidos y notificaciones que no paran, se acostumbra a ese nivel de activación. El resultado es demoledor: no es que "no pueden concentrarse", es que todo lo demás les resulta demasiado lento.

Uno de los efectos más jodidos —y que muchos padres no ven— es lo que pasa con el sueño. La exposición a pantallas, especialmente antes de dormir, interfiere con la producción de melatonina, la hormona del sueño. Pero además, el contenido estimula el cerebro justo cuando debería empezar a relajarse.

El combo es perfecto, pero en el peor sentido: chicos más cansados, menos regulados emocionalmente, más irritables y que descansan peor. Un círculo vicioso que es difícil de cortar si no se interviene a tiempo.

Ahora viene la parte incómoda: no se trata de eliminar las pantallas de un día para el otro. Eso, en la vida real de 2026, no funciona. El desafío es otro: regular, acompañar y poner límites con sentido. Algunas estrategias concretas incluyen crear zonas libres de pantallas en casa, establecer horarios fijos sin dispositivos y, sobre todo, que los adultos den el ejemplo.

La sobreestimulación no es un problema individual de los pibes. Es un fenómeno del entorno, y ahí es donde los adultos tenemos margen de acción. No se trata de hacerlo perfecto, sino de ser conscientes: cada pausa, cada límite, cada momento sin pantalla es una inversión en el desarrollo cognitivo y emocional de nuestros hijos.

Porque al final, no es solo una cuestión de tecnología. Es una cuestión de ritmo, atención y calidad de vida. Y eso, en una ciudad como Rosario que ya tiene suficientes problemas, es algo que no podemos permitirnos perder.

En contexto
El impacto en números
Los niños argentinos pasan en promedio 4-6 horas diarias frente a pantallas, muy por encima de las 2 horas recomendadas por pediatras internacionales para menores de 12 años.
Antecedentes
Melatonina: la hormona del sueño
La melatonina se produce naturalmente cuando oscurece, pero la luz azul de las pantallas engaña al cerebro haciéndole creer que aún es de día, retrasando el sueño hasta 2 horas.
Fuente: Rosario3