Jan De Nul vs Deme: guerra de empresas por la hidrovía de Rosario
La empresa dragadora Jan De Nul desmintió categóricamente las acusaciones de su competidora Deme sobre supuestos vínculos comerciales con estados soberanos. El cruce se da en plena licitación por la hidrovía del Paraná.
La guerra por la hidrovía del Paraná escaló a niveles insospechados. La empresa Jan De Nul salió con los tapones de punta a desmentir las acusaciones de su competidora Deme, que había puesto en duda su participación en la licitación más jugosa del país.
"Es una falacia malintencionada", disparó sin filtros la firma dragadora belga, refiriéndose a las especulaciones de Deme sobre supuestos vínculos comerciales con algún estado soberano que le impedirían competir por el contrato.
El cruce no es casual. Estamos hablando de la licitación de la hidrovía, esa obra faraónica que mueve millones de dólares y que es clave para el comercio exterior argentino. Por esa vía fluvial sale el 80% de las exportaciones del país, principalmente desde los puertos de Rosario y la región.
¿Qué hay detrás de estas acusaciones cruzadas? La respuesta es simple: plata, mucha plata. El contrato para el dragado y mantenimiento de la hidrovía representa uno de los negocios más codiciados del sector, con proyecciones que superan los cientos de millones de dólares anuales.
Jan De Nul no se quedó callada ante lo que considera un ataque directo a su reputación comercial. La empresa, que tiene décadas de experiencia en obras de dragado a nivel mundial, rechazó de plano cualquier impedimento legal o comercial para participar del proceso licitatorio.
Mientras tanto, desde Rosario se sigue con atención esta pelea de gigantes. La ciudad depende directamente del buen funcionamiento de la hidrovía para mantener su posición como principal hub exportador del país. Cualquier demora o conflicto en la licitación impacta directamente en la economía regional.
¿Será esta solo la primera escaramuza de una batalla que promete ser larga y compleja? Lo cierto es que con intereses millonarios en juego, las empresas no se van a quedar con los brazos cruzados. Y los rosarinos, como siempre, esperando que se resuelva pronto para que no se frene el motor económico de la región.