Cayó en Carmen del Sauce el tercer sospechoso de brutal entradera en Córdoba
Héctor Raúl F., de 48 años, fue detenido en el pueblo santafesino tras una investigación que se extendió por meses. Los delincuentes habían torturado a una mujer de 68 años, hermana de un exintendente cordobés.
La justicia cordobesa cerró el círculo. Después de ocho meses de investigación, cayó en Carmen del Sauce el último prófugo de una entradera que conmocionó al Valle de Calamuchita por su extrema violencia.
Héctor Raúl F., de 48 años, fue detenido por efectivos de la PDI y la Policía de Córdoba en un domicilio de 9 de Julio al 300, según informó Rosario3. En el allanamiento, los agentes secuestraron dos pistolas calibre .22, municiones, celulares que serán peritados, handies y otros elementos clave para la investigación.
El hecho que llevó a esta detención ocurrió el 5 de julio pasado en Las Bagualas, un sector rural entre Villa Yacanto y El Durazno. Allí, tres asaltantes irrumpieron en la vivienda de una mujer de 68 años, hermana del exintendente Oscar Musumeci, en lo que se convertiría en una de las entraderas más brutales de la zona.
Los detalles del ataque estremecen: mientras le exigían dinero, los delincuentes la maniataron con precintos, la golpearon salvajemente y la amenazaron con cortarle los dedos. Como si fuera poco, gatillaron armas de fuego sin efectuar disparos, en una clara maniobra de terror psicológico.
¿Cómo terminó la pesadilla? Los asaltantes huyeron en la Ford Ranger de la víctima, que luego abandonaron en Santa Mónica, Santa Rosa de Calamuchita. Un detalle que sería clave para la investigación posterior.
La Fiscalía de Instrucción de Río Tercero no aflojó. El 20 de agosto, dos sospechosos fueron detenidos en los barrios cordobeses de Pueyrredón y Bajo Pueyrredón. Ahora, con la captura en territorio santafesino, se completa el trío que aterrorizó a la mujer en su propia casa.
Carmen del Sauce, ese pequeño pueblo del departamento Rosario ubicado a unos 40 kilómetros al sur de la ciudad, se convirtió en el escenario final de una investigación que cruzó provincias. La detención demuestra que, por más que los delincuentes crean que pueden esconderse en pueblos perdidos, la justicia tiene brazos largos.
La pregunta que queda es si este cierre traerá algo de paz a una víctima que vivió minutos de horror que seguramente no olvidará jamás. Porque hay heridas que van más allá de lo físico, y el miedo que sembraron estos tipos en el Valle de Calamuchita no se borra con una simple detención.