Santa Fe pierde 290 tambos en un año: la lechería en crisis silenciosa
Santa Fe concentra el 34,8% de los tambos activos del país, pero en apenas un año cerraron 290 establecimientos. El sector enfrenta una paradoja: produce más leche con menos tambos, y los pequeños productores son los que más sufren la transformación.
Santa Fe sigue siendo la columna vertebral de la lechería argentina, pero hay una grieta que se abre en silencio y que los números no pueden disimular: en apenas un año cerraron 290 tambos en la provincia. No es un dato menor. Es el síntoma de una transformación estructural que está redibujando el mapa productivo del sector y dejando afuera, una vez más, a los más chicos.
La provincia reúne el 34,8% de los tambos activos del país y concentra el 31,1% del rodeo bovino destinado a la lechería. Esos números hablan de un liderazgo indiscutido, de décadas de cultura tambera que van desde el sur de la provincia hasta los departamentos de Las Colonias y San Cristóbal. Pero ese liderazgo convive hoy con una paradoja que ya conocen bien los que trabajan el campo: más producción, menos tambos. La eficiencia escala, la escala concentra, y la concentración expulsa.
El fenómeno no es nuevo en la historia agraria santafesina. Ya en los años noventa, con la convertibilidad y la apertura de importaciones, el sector lácteo vivió una primera gran ola de cierres que diezmó a los productores medianos. Lo que vino después fue una recuperación lenta, con altibajos marcados por las crisis de 2001, los vaivenes del precio de la leche cruda y las tensiones permanentes entre la cadena industrial y el productor primario. Cada ciclo de concentración dejó menos actores en el campo y más poder en las usinas.
Lo que preocupa ahora es la velocidad del proceso. 290 tambos en doce meses es una sangría que no da tiempo a reaccionar. Los pequeños productores, los que ordeñan entre 100 y 300 vacas, son los más vulnerables: no tienen escala para absorber los costos de la energía, el gasoil, la mano de obra y los insumos que no paran de subir. Mientras tanto, los establecimientos grandes invierten en tecnología, mejoran los índices de producción por animal y compensan con volumen lo que pierden en precio.
El precio de la leche cruda es, como siempre, el nudo del problema. La relación entre lo que recibe el tambero y lo que paga el consumidor final nunca fue justa, y en los últimos años esa brecha se ensanchó. La cadena láctea argentina tiene una estructura de poder muy definida: unas pocas empresas industriales concentran el poder de compra y fijan condiciones que el productor individual no puede negociar. La provincia de Santa Fe tiene herramientas institucionales para intervenir en esa relación —el Ministerio de la Producción, el INTA Rafaela, las cooperativas históricas como SanCor— pero la capacidad de regulación efectiva es limitada cuando los precios se definen en otro nivel.
En ese contexto, la gestión de Maximiliano Pullaro enfrenta un desafío que va más allá de las estadísticas sectoriales. Sostener a los pequeños productores tamberos no es solo una política agropecuaria: es una política de desarrollo territorial. Cada tambo que cierra en el sur de Córdoba o en el centro de Santa Fe es un productor que deja el campo, una familia que se va al pueblo, un servicio menos en la localidad. La lechería es tejido social, no solo commodity.
La provincia tiene antecedentes de políticas activas en el sector: créditos blandos del Fondo de Asistencia Educativa y Crédito Rural, programas de reconversión tecnológica, acuerdos con el INTA para mejorar la genética del rodeo. Pero en un contexto de ajuste nacional y obra pública frenada desde Buenos Aires, los recursos son escasos y la demanda es urgente. La Nación, que debería ser un actor clave en la regulación de la cadena láctea, brilla por su ausencia en el debate.
El desafío es claro: Santa Fe puede seguir siendo líder en producción de leche, pero si ese liderazgo se construye sobre la desaparición de los pequeños tamberos, el costo social será enorme. La eficiencia sin equidad no es progreso. Es concentración. Y la provincia ya sabe bien adónde lleva ese camino.
Con información de: La Capital
Preguntas frecuentes
¿Por qué cierran los tambos en Santa Fe si la producción de leche sube?
Porque los establecimientos grandes producen más por vaca y compensan el cierre de los chicos. La concentración permite más volumen con menos unidades productivas, pero expulsa a los pequeños tamberos que no pueden competir en costos.
¿Cuántos tambos cerraron en Santa Fe en el último año?
Cerraron 290 tambos en un año, según los datos más recientes del sector. A pesar de eso, Santa Fe sigue concentrando el 34,8% de los tambos activos del país.
¿Qué puede hacer la provincia para ayudar a los pequeños tamberos?
La provincia cuenta con herramientas como créditos rurales, programas del INTA y apoyo a cooperativas, pero la regulación del precio de la leche cruda depende en gran medida de la política nacional, que hoy está ausente del debate.