Central volvió a regalarse: el blooper de Pol Fernández que le costó el partido
Rosario Central cayó ante Huracán por un nuevo error defensivo. Pol Fernández protagonizó el blooper que definió el partido en el Ducó, repitiendo una historia que ya se volvió costumbre en el Canalla.
Ya es una marca registrada. Rosario Central tiene un problema serio con los errores no forzados y cada vez que parece que puede dar el salto de calidad, aparece un blooper para recordarle que todavía le falta mucho camino por recorrer.
Según informó La Capital, el equipo de Matías Lequi volvió a regalarse en el momento menos indicado. Esta vez fue Pol Fernández quien le sirvió en bandeja el segundo gol a Huracán en el Ducó, repitiendo una historia que ya se había visto en Mendoza y contra Atlético Tucumán.
¿Cuántas veces más vamos a ver la misma película? El Canalla arranca bien, genera situaciones, pero cuando tiene que cerrar el partido o mantener el resultado, aparece el fantasma del error para arruinar todo. No es mala suerte, no es casualidad: es un patrón que se repite con una regularidad que duele.
El gol que empezó a definir todo llegó por una jugada que cualquier jugador de Primera División debería resolver sin problemas. Pero Fernández, en un momento clave del encuentro, le regaló la pelota al rival en una zona peligrosa y Huracán no perdonó.
Lo más preocupante no es el error en sí mismo, sino que Central parece no aprender de sus propios tropiezos. Ya pasó en la derrota en el estadio Malvinas Argentinas, ya pasó en el triunfo agónico contra el Decano tucumano, y ahora se repitió en Parque Patricios.
Los hinchas del Canalla tienen derecho a estar indignados. No se puede seguir regalando partidos de esta manera, especialmente cuando el equipo muestra momentos de buen juego. La diferencia entre un Central que pelea arriba y uno que sufre en el medio de la tabla está, muchas veces, en estos detalles que cuestan puntos.
Lequi tendrá que trabajar no solo en lo futbolístico, sino también en lo mental. Porque cuando los errores se vuelven una constante, el problema ya no es técnico: es de confianza y concentración. Y eso, en el fútbol profesional, se paga muy caro.