La industria metalúrgica de Rosario en terapia intensiva: 44 meses de caída
La facturación real del sector cayó 16% en abril y acumula 44 meses consecutivos de bajas. El nivel de actividad está 40,4% por debajo de fines de 2023 y más de la mitad del pico histórico de 2022. El presidente de la AIM no tuvo eufemismos: 'Estamos en terapia intensiva'.
Lo dijo sin vueltas, sin eufemismos, sin el lenguaje corporativo que suele suavizar los golpes: Rafael Catalano, presidente de la Asociación de Industriales Metalúrgicos (AIM) de Rosario, presentó los números del sector y eligió una sola frase para resumirlos: "Estamos en terapia intensiva". Difícil encontrar una descripción más precisa.
El último informe de la AIM confirma lo que muchos trabajadores y empresarios del sector vienen sintiendo en el bolsillo y en el taller desde hace más de tres años: la industria metalúrgica rosarina no encuentra el piso. La facturación real cayó un 16% en abril, y lo más preocupante no es ese número aislado sino lo que representa en una serie más larga: 44 meses consecutivos de bajas. Casi cuatro años sin un solo mes de recuperación sostenida.
Para dimensionar la magnitud del derrumbe, los datos del informe son contundentes. El nivel de actividad del sector se encuentra hoy un 40,4% por debajo de donde estaba a fines de 2023, cuando ya la situación distaba de ser buena. Pero si se toma como referencia el pico histórico registrado en septiembre de 2022, la caída es todavía más brutal: 52,1% menos. En otras palabras, la metalurgia rosarina produce hoy menos de la mitad de lo que producía en su mejor momento reciente.
¿Cuánto más puede aguantar un sector antes de que el daño sea irreversible? Esa es la pregunta que sobrevuela cada reunión de la AIM, cada conversación entre dueños de talleres y cada negociación paritaria que intenta sostener puestos de trabajo que se van achicando. La metalurgia no es un sector cualquiera para Rosario: históricamente fue columna vertebral de la industria local, proveedora de insumos para el agro, la construcción y la manufactura en general.
El contexto nacional tampoco ayuda. La política económica del gobierno de Javier Milei apostó a una apertura importadora y a una reducción del gasto que golpeó de lleno a la industria manufacturera. El tipo de cambio, la caída del consumo interno y la competencia de productos importados más baratos formaron una tormenta perfecta para sectores como la metalurgia, que dependen del mercado doméstico y de la obra pública para sostenerse.
En Rosario, la crisis se siente en los barrios industriales del sur y el oeste de la ciudad, donde decenas de pequeñas y medianas empresas metalúrgicas llevan meses trabajando a capacidad reducida o directamente cerraron sus puertas. Cada taller que baja la persiana es una familia que pierde su fuente de ingresos, un trabajador calificado que el sector tardará años en recuperar.
Catalano y la AIM vienen reclamando medidas de sostén: líneas de crédito accesibles, políticas de compre nacional, obras públicas que reactiven la demanda de insumos metálicos. Por ahora, las respuestas del Estado no alcanzaron para torcer la tendencia. Y los números de abril, lejos de mostrar una señal de recuperación, profundizan la preocupación.
Cuarenta y cuatro meses en caída libre no es una crisis coyuntural. Es una herida estructural que, si no se atiende con urgencia, puede dejar cicatrices permanentes en el tejido industrial de una ciudad que alguna vez fue orgullo fabril del interior argentino.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto cayó la industria metalúrgica de Rosario?
La facturación real cayó 16% en abril de 2026 y acumula 44 meses consecutivos de bajas. El nivel de actividad está 52,1% por debajo del pico registrado en septiembre de 2022.
¿Qué es la AIM de Rosario?
La Asociación de Industriales Metalúrgicos (AIM) de Rosario es la entidad que agrupa y representa a las empresas del sector metalúrgico en la región, y elabora informes periódicos sobre el estado de la actividad.
¿Por qué está en crisis la metalurgia rosarina?
La crisis combina la caída del consumo interno, la apertura importadora, la reducción de la obra pública y un tipo de cambio que favoreció productos importados por sobre la producción nacional.