La goleada ante Independiente Rivadavia todavía huele a fiesta, pero en Rosario Central el termómetro ya cambió. La euforia se guardó en la vitrina y ahora todos los cañones apuntan al choque del próximo sábado en Tucumán contra Atlético.
La idea de Jorge Almirón, en la medida que pueda, es no tocar nada en el equipo. Suena simple, pero en el fútbol es una declaración de principios: si el equipo está bien, no lo rompe. Almirón quiere leer la semana, ver las piernas, medir el cansancio y decidir si repite el once que salió a festejar.
El dato no es menor. Después de una victoria amplia, repetir equipo suele ser un riesgo calculado. Por un lado, el grupo llega con confianza, con el gol en la cabeza y con la sensación de que las cosas funcionan. Por el otro, el desgaste y la necesidad de mantener el nivel pueden obligar a mover fichas. Ahí entra la vista fina de Almirón.
En Rosario, la palabra repetir siempre genera debate. Hay hinchas que piden continuidad, que el equipo no se toque si está ganando. Otros creen que cada partido es un mundo y que el descanso, la rotación o el cambio de aires pueden ser necesarios. La verdad está en el medio: no se puede cambiar por cambiar, pero tampoco se puede ser esclavo de un once si el cuerpo pide aire.
El contexto también pesa. El rival es Atlético, el partido se juega en Tucumán y la fecha no perdona. En la cancha de un rival, con la presión de sumar, un equipo que viene de ganar grande puede sentirse más suelto, pero también más expuesto. Ahí se nota si la confianza se sostiene o si se vuelve una trampa.
Almirón no necesita promesas. Necesita señales. ¿El plantel está fresco? ¿El ritmo se puede sostener? ¿El desgaste obliga a mover fichas? Las respuestas no están en el papel: están en el entrenamiento, en la lectura del grupo y en la decisión final de Almirón.
La frase 'en la medida que pueda' es la que más dice. No es una promesa absoluta. Es una intención, una preferencia, una lectura fría. Almirón quiere repetir, pero no a cualquier costo. Si hay una molestia, una caída de rendimiento o una necesidad táctica, la mano puede moverse. Y si no, el once que salió a festejar podría volver a salir a buscar puntos.
Para Rosario Central, la semana no es solo fútbol. Es gestión de energía, de ánimo y de identidad. Un equipo que viene de ganar de forma amplia puede arrastrar el peso de la expectativa, pero también la ventaja de saber que puede. La clave está en no confundir la fiesta con la rutina. La goleada fue un capítulo; el sábado en Tucumán será otro.
El hincha rosarino ya sabe cómo se vive esto: con el corazón en la mano y la cabeza en el partido. Si Almirón repite, se habla de continuidad. Si cambia, se habla de necesidad. Si gana, se habla de proyecto. Si no, se habla de error. En el fútbol, las decisiones se juzgan por el resultado, aunque la verdad esté en el proceso.
Con información de: La Capital. Fuente: La Capital.

Comentarios (9)
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Si el equipo viene de ganar grande, no lo toques. Almirón bien en no querer cambiar nada.
De acuerdo, pero si el plantel no está fino, hay que cambiar.
Ojo con el viaje a Tucumán, a veces el cuerpo pide aire y hay que rotar.
No me gusta que hablen de repetir equipo como si fuera un dogma. El fútbol no es matemática.
No es dogma, es sentido común. Si está ganando, no lo rompo.
Con todo respeto, si hay cansancio o una molestia, mejor mover una ficha.
La goleada dio alegría, pero el sábado en Tucumán va a ser otro partido.
Que gane Central y después hablamos. Almirón tiene la vista fina.