La cuenta regresiva terminó. Este domingo a las 14:45, Rosario se parte en dos y el resto del mundo mira. Una nueva edición del Clásico rosarino está a punto de comenzar, y como siempre, la ciudad entera siente ese nudo en el estómago que no tiene explicación racional pero que cualquier rosarino entiende de memoria.
El Gigante de Arroyito será el escenario. El estadio de Rosario Central albergará el duelo más esperado del año futbolístico local, válido por el Torneo Betano Clausura 2026. Azul y amarillo de un lado, rojo y negro del otro. Dos identidades que conviven 363 días al año y se enfrentan a muerte en los otros dos.
Los equipos ya están confirmados. Central sale con lo mejor que tiene, buscando estirar una racha favorable que viene de hace un tiempo y que los tiene con la autoestima por las nubes. Newell's Old Boys, en cambio, necesita cortar la sangría: los Leprosos saben que un Clásico es siempre una oportunidad de resetear cualquier historia previa y escribir una nueva. Eso es lo que hace tan impredecible a este partido.
El árbitro designado es Yael Falcón Pérez, uno de los jueces de mayor jerarquía del fútbol argentino, un hombre acostumbrado a los partidos de alta tensión. Porque esto no es un partido más: la presión que se vive en un Clásico rosarino no la genera ningún otro encuentro del fútbol local. Ni siquiera los superclásicos tienen esa densidad barrial, esa mezcla de familia dividida y orgullo de ciudad que tiene el duelo entre Canallas y Leprosos.
¿Cuánto vale ganar un Clásico? No hay estrella que se borde en el escudo, no hay copa que se levante. Pero cualquier hincha de Central o de Newell's te va a decir que quedarse con la escritura de la ciudad vale tanto o más que un título. Es el derecho a caminar por la calle con el pecho inflado, a mirar al vecino de enfrente con esa sonrisa que no necesita palabras.
Más de un millón de habitantes van a vivir este partido de alguna manera. Los afortunados que consiguieron entrada estarán en el Gigante. El resto lo seguirá por TNT Sports, por la radio, por el celular, por las redes. Y habrá quienes directamente elijan no saber nada hasta que todo termine, porque hay gente que el Clásico simplemente no lo puede ver.
Casi cien minutos frenéticos donde todo lo que se dijo en la semana previa —las chicanas, las predicciones, los análisis tácticos— quedará en la nada. El fútbol tiene esa virtud y esa crueldad: borra todo lo anterior y escribe su propia historia. Esta tarde, en Arroyito, se escribe un nuevo capítulo de la rivalidad más intensa del interior argentino.
Que gane el mejor. Y que la paz vuelva cuando el árbitro pite el final. Porque Rosario, después del Clásico, siempre sigue siendo Rosario.

Comentarios (13)
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Hoy se corta la racha, Leprosos. Arroyito o no Arroyito, esta vez volvemos con los tres puntos. Vamos Newell's carajo.
Jajaja qué racha van a cortar si no tienen equipo. Disfruten el paseo por el Gigante, que es lo único que van a llevarse.
Seguí soñando, Canalla. El año pasado también decían lo mismo y ya sabés cómo terminó. La historia cambia hoy.
Yo soy de Central pero lo que más me importa es que no haya incidentes. Que se juegue al fútbol y que la gente vuelva tranquila a su casa. Ya tuvimos demasiados episodios feos en los últimos años.
Bien dicho Silvia, pero eso es pedir demasiado en un clásico rosarino. La pasión siempre se desborda, para bien o para mal.
Falcón Pérez de árbitro me da un poco de desconfianza, la verdad. Tiene historial raro en partidos de alta tensión. Ojalá esté a la altura hoy.
Yo trabajo en el centro y ya desde temprano la ciudad está distinta. La gente con la camiseta puesta, los bares llenos, los colectivos con banderas. Esto es Rosario, no hay otra ciudad así.
Me parece exagerado decir que es el clásico más pasional del mundo. El de Boca-River tiene mucho más nivel futbolístico y más repercusión internacional. Acá somos muy localistas.
Roberto, el nivel futbolístico no tiene nada que ver con la pasión. Preguntale a cualquier hincha de Central o de Newell's qué siente el día del clásico y después hablamos. Esto no se mide con la FIFA.
En mi casa somos mitad y mitad. Mi marido de Central, yo de Newell's. Hoy almorzamos en silencio jajaja. Clásico de verdad empieza en la mesa familiar.
Lo que me encanta del clásico rosarino es que después del partido la ciudad sigue funcionando. Hay bronca, hay alegría, pero Rosario no se rompe. Eso habla bien de nosotros.
vamos canalla la puta madre que los pario a todos los leprosos jajaja
Hoy Newell's tiene equipo para ganar. El problema es la cabeza, siempre la cabeza. Si entran con miedo al Gigante ya perdieron antes de empezar.