En una tarde muy calurosa en el estadio Madre de Ciudades, Rosario Central se quedó con la copa y la revancha frente a Estudiantes.
El equipo de Jorge Almirón llegó a Santiago del Estero con la necesidad de responder a un rival que lo menospreció el año pasado. La respuesta llegó en la cancha, con un triunfo que cerró el debate.
El partido arrancó mal para el Canalla. Estudiantes abrió el marcador temprano tras un pase corto de Emanuel Coronel, y la defensa auriazul quedó expuesta en la salida.
En esa jugada, Joaquín Tobio Burgos desbordó a Ignacio Ovando y Alexis Castro definió ante Franco Ibarra.
Antes del remate final, Gastón Ávila perdió el duelo con Guido Carrillo, y el gol de Estudiantes pareció encarrilar una tarde complicada para el Canalla.
El cambio de aire llegó con Ángel Di María. El delantero de 38 años apareció en modo campeón del mundo y convirtió un golazo de tiro libre que calmó al equipo.
Tras la igualdad, Rosario Central se ordenó, empezó a imponer condiciones y encontró la ventaja antes del entretiempo. Enzo Copetti fue derribado en el área por Leandro González Pirez.
Desde los doce pasos, Di María definió al palo opuesto de Fernando Muslera y el estadio estalló con la ventaja parcial.
En el segundo tiempo, Estudiantes buscó por arriba a Adolfo Gaich y a Lucas Alario, que ingresó por un extenuado Guido Carrillo.
El Canalla tuvo la chance de sentenciar, pero Fernando Muslera salvó a su equipo con una doble tapada ante Di María y Giovanni Cantizano, que había llegado con una jugada individual.
En el cierre, Rosario Central se replegó para sostener el resultado. Entraron Facundo Mallo y Alexis Soto para cumplir esa misión, mientras Franco Cervi buscó sostener el balón.
La última jugada fue la sentencia: un contraataque que culminó Julián Fernández para darle a Rosario Central la copa y la revancha.
El encuentro se jugó con la tensión de un partido caliente. En la previa, declaraciones de uno y otro lado habían calentado un partido que ya venía con todos los condimentos.
Di María fue el símbolo principal con el que Rosario Central edificó el triunfo. Su actuación fue inolvidable, propia de un jugador hecho para las finales.
El ícono auriazul, que a sus 38 años sigue en plena vigencia, dejó el sello de un fuera de serie que el fútbol argentino tiene el privilegio de disfrutar.
Tras el gol de tiro libre, el equipo de Jorge Almirón salió del aturdimiento y empezó a imponer condiciones, más con garra que con fútbol. El efecto contagio se notó en la cancha.
En el segundo tiempo, Franco Ibarra creció en la mitad y la última línea auriazul se afianzó. La solvencia de Ignacio Ovando fue clave para sacar cada balón que cayó cerca.
El equipo de Alexander Medina siguió yendo por inercia, pero sin ideas. Estudiantes tenía pocas luces para llevar peligro al arco de Axel Werner.
El partido se volvió más lento, de pocas emociones, sin el ritmo ni la intensidad de los primeros 45 minutos. El calor y el esfuerzo físico pesaron sobre ambos planteles.
Para sostener la victoria, Rosario Central recurrió a replegarse en el fondo. La misión fue clara: no regalar nada y esperar el contraataque que terminó de definir la copa.

Comentarios (10)
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Di María a los 38 sigue siendo un fenómeno. El tiro libre y el penal fueron de otro planeta.
Me sacaron el mal sabor de boca del año pasado. Central jugó con garra y se lo mereció.
El gol inicial de Estudiantes fue clarísimo, la defensa de Central quedó muy expuesta.
Sí, pero después Ovando se metió el partido y no dejó pasar nada. La última línea se afianzó.
Ovando fue cosa seria, pero el partido lo hizo Di María. Sin él no se ganaba.
Muslera le ahogó el tercero a Di María y a Cantizano. Si caía ese gol, el partido se cerraba antes.
Justo, Muslera fue clave. Pero Central aguantó y en la última jugada llegó el gol de Julián Fernández.
El calor en Santiago del Estero se notó mucho. En el segundo tiempo el ritmo bajó y Central lo aprovechó.
La revancha era necesaria. Central la tomó en la cancha y no dejó lugar a la polémica.
Me gustó que Almirón mandó a Mallo y Soto a sostener el resultado. Fue inteligente.