La madrugada del 23 de octubre de 2021, Nelson Gabriel Aquiles “Chivo” Saravia fue asesinado a balazos frente a su familia. El ataque ocurrió en su casa de barrio Alvear, en la vivienda de San Nicolás al 3700.
Saravia había sido jefe de la barra brava de Newell's. Ese antecedente quedó en el centro de una historia que mezcló disputas por el poder del paravalanchas, conexiones con el narcotráfico e integrantes de las fuerzas de seguridad.
El hecho no se resolvió con una sola imagen: un grupo armado irrumpió en la vivienda y lo ejecutó en un ataque que dejó al descubierto un entramado de vínculos que quedó expuesto por el ataque.
Lo que pesa en el aniversario es que el crimen no quedó reducido a una muerte violenta. Quedó asociado a una disputa por el poder del paravalanchas, a conexiones con el narcotráfico y a la presencia de integrantes de las fuerzas de seguridad en el mapa del caso.
Este viernes se cumplieron cinco años del crimen. Y el recuerdo vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿qué pasó con las conexiones con el narcotráfico y con los integrantes de las fuerzas de seguridad que quedaron expuestos por el ataque?
La ejecución frente a la familia le da al caso una dimensión adicional. No fue solo un ataque en la casa: fue una irrupción en la vivienda, un grupo armado, balazos y una muerte que dejó al descubierto una red de vínculos.
A cinco años, el aniversario no puede ser solo un recordatorio. Debería ser una oportunidad para revisar si se llegó hasta el fondo de las disputas por el poder del paravalanchas, de las conexiones con el narcotráfico y de los integrantes de las fuerzas de seguridad que el ataque puso en evidencia.
La bronca de los que siguen el caso no es menor. Cuando un crimen expone vínculos con el narco y con la seguridad, la sociedad espera una respuesta completa. Y esa respuesta no puede quedar diluida en el tiempo.
El caso Chivo Saravia recuerda que la violencia no siempre se cuenta con nombres simples. Detrás de una ejecución puede haber un paravalanchas, un poder, una red y una disputa que termina en sangre.
Que no se olvide no alcanza. Lo que falta es que el aniversario no se convierta en un titular más, sino en una exigencia: que la justicia dé cuenta de lo que quedó expuesto esa madrugada.

Comentarios (10)
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Cinco años y todavía queda la sensación de que no se llegó al fondo. Ojalá la justicia no se quede en el medio.
Justo. Si hubiera sido un pibe de barrio, ya estarían todos los culpables. Con estos casos siempre hay humo.
No todo es humo, pero sí es verdad que en estos temas la presión dura dos semanas y después se enfría.
Me da bronca que un tipo sea ejecutado frente a su familia. Eso no se puede normalizar.
El dato que más me pesa es que el ataque dejó al descubierto vínculos con fuerzas de seguridad. Eso debería ser la prioridad.
Claro, y mientras tanto la gente sigue viendo la misma inseguridad. Cinco años no es poco.
Me parece que la barra leprosa siempre tuvo una lógica de poder que terminó en sangre. Lamentable.
Sí, pero también hay que entender que no era un tema solo de hinchas: había narco y seguridad metida.
Que al menos se recuerde, porque si se olvida, se repite.
Ojalá. Pero recordar no alcanza si no hay consecuencias.