Lo que viene no es menor. El gobierno de Santa Fe convocó a una cumbre de funcionarios provinciales e intendentes para coordinar los planes de contingencia ante el fenómeno El Niño, que amenaza con traer excesos de lluvias en los próximos meses. La reunión no fue un trámite burocrático: fue una señal de que la provincia sabe lo que se viene y, esta vez, no quiere que la agarre desprevenida.
En el encuentro, los funcionarios provinciales pusieron sobre la mesa los pronósticos actualizados para el período que se avecina, detallaron el estado de las obras hidráulicas en marcha y repasaron los protocolos de actuación que deberán activarse si las precipitaciones superan los niveles normales. Los representantes de los gobiernos locales, por su parte, se llevaron información concreta para trabajar en sus propios territorios.
¿Por qué importa esto ahora? Porque El Niño no es una novedad climática, pero sus consecuencias en la región pampeana y el litoral argentino pueden ser devastadoras cuando no hay coordinación entre los distintos niveles del Estado. Santa Fe lo sabe mejor que nadie: las inundaciones del 2003 dejaron una herida que todavía duele en la memoria colectiva de Rosario y de decenas de municipios de la provincia. Aquella catástrofe, que anegó barrios enteros y desplazó a miles de familias, sigue siendo el fantasma que aparece cada vez que los pronósticos empiezan a hablar de lluvias extraordinarias.
El fenómeno El Niño se caracteriza por el calentamiento anómalo de las aguas del océano Pacífico, lo que altera los patrones de lluvia en gran parte de Sudamérica. Para el centro-este de Argentina, eso suele traducirse en precipitaciones por encima de lo normal, crecidas de ríos y arroyos, y saturación de suelos que complica tanto al campo como a las ciudades. Los expertos del Servicio Meteorológico Nacional vienen advirtiendo desde hace semanas que el fenómeno podría intensificarse hacia el segundo semestre del año.
La iniciativa de convocar a los intendentes habla de una lógica que, en la práctica, no siempre funciona: la coordinación interjurisdiccional. Cuando llueve fuerte, cada municipio tiende a resolver como puede, con los recursos que tiene, y la articulación con la provincia suele llegar tarde. Que esta vez se hayan sentado juntos antes de que empiece el problema es, al menos, un paso en la dirección correcta.
Ahora bien, la pregunta que queda flotando es cuánto de todo esto se va a traducir en acción concreta. Las reuniones de coordinación abundan en la historia política santafesina; lo que escasea son los resultados cuando el agua empieza a subir. Los intendentes de los municipios más vulnerables —muchos de ellos en zonas bajas, con infraestructura de desagüe envejecida y recursos limitados— necesitan más que protocolos: necesitan obras, equipamiento y respaldo financiero real.
La provincia, de su lado, tiene el desafío de demostrar que las obras hidráulicas encaradas están a la altura de lo que se viene. No alcanza con mostrar planos y cronogramas en una reunión. El test de verdad lo pone la lluvia.
Por ahora, la cumbre existió, los funcionarios se reunieron y la información circuló. Es un comienzo. Ojalá no sea solo eso.

Comentarios (13)
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Espero que esta vez no sea solo una foto y un comunicado de prensa. En el 2003 también hubo reuniones y después el agua nos llegó hasta la cintura. Que demuestren con obras, no con powerpoints.
Al menos se están juntando antes y no cuando ya está todo inundado. Algo es algo.
Sí, 'algo es algo'... con esa vara medimos en Santa Fe. Triste.
Che, alguien sabe si en esta cumbre estuvieron los intendentes del cordón sur de Rosario? Porque esa zona siempre queda bajo el agua y nunca aparece nadie a dar respuestas.
Lo que falta es que coordinen también con los vecinos, no solo entre ellos. Nosotros somos los que terminamos achicando agua con baldes mientras los funcionarios están en reuniones.
Hay que reconocer que la gestión del riesgo hídrico mejoró bastante desde el 2003. No es lo mismo. Ahora hay sistemas de alerta temprana, protocolos, más comunicación. Eso no existía antes.
Mejoró, sí, pero sigue siendo insuficiente. Los desagües de mi barrio están tapados desde hace dos años y nadie los limpia. Cuando llueve fuerte, la calle es un río.
Eso es gestión municipal, no provincial. Son dos cosas distintas. Reclámale al intendente.
Ah, perfecto, y el intendente me va a decir que es culpa de la provincia. El cuento de siempre. Mientras tanto, yo con el agua adentro de casa.
Como profesional del área, lo que más me preocupa no es la lluvia en sí sino la saturación de suelos. Si el invierno fue húmedo, cualquier evento de lluvias moderado puede generar inundaciones graves. Esperemos que los planes contemplen ese escenario.
El Niño, La Niña, siempre hay algo. Lo que nunca hay es soluciones de fondo.
Ojalá esta vez los municipios más chicos del interior también tengan apoyo real. Siempre se habla de Rosario y Santa Fe capital, pero hay pueblos que quedan completamente aislados cuando llueve fuerte y nadie los menciona.
Reunión de funcionarios para hablar de otra reunión de funcionarios. La Argentina en su máxima expresión.