En el Gigante de Arroyito, Enzo Copetti rompió una sequía de seis meses y le dio a Rosario Central un alivio que pesaba más que el resultado.
El delantero no festejó su gol ante Independiente Rivadavia, en la goleada 5-0, como si supiera que ese tanto no era solo un número: era una respuesta a meses de presión.
El silencio en la celebración quedó como una foto: un delantero que necesitaba convertir para respirar, y un equipo que ya había goleado para llegar a la victoria.
Desde su llegada al Canalla a mediados de 2024, Copetti arrastra un rendimiento irregular que lo convirtió en uno de los jugadores más resistidos por la parcialidad, que le exige más efectividad en el área.
La parcialidad auriazul le demanda más efectividad en el área, porque en Rosario el delantero no puede estar ausente cuando el equipo necesita definir.
Su última anotación databa del 13 de mayo de 2026, cuando convirtió un gol agónico y decisivo a Racing en el tiempo suplementario, para sellar la clasificación de Central a las semifinales del Torneo Apertura.
La espera se terminó el domingo, cuando el equipo de Arroyito venció 5-0 a la lepra mendocina y Copetti estampó el cuarto gol a los 24 minutos del segundo tiempo.
El triunfo 5-0 ante Independiente Rivadavia dejó a Rosario Central como líder de su grupo, y el gol de Copetti se sumó a una tarde de victoria.
La jugada fue colectiva: Ángel Di María habilitó de taco a Agustín Sández, quien mandó un centro preciso al primer palo para que Copetti anticipara a Studer y la mande adentro.
Los 12 goles en 98 partidos no son una cifra que calme a la tribuna, pero el contexto importa: el delantero venía de seis meses sin convertir y necesitaba un gol para volver a estar en la conversación.
Que le haya anotado dos a Godoy Cruz antes de este gol le da un matiz curioso: los equipos mendocinos siempre le abrieron la puerta, y ahora Independiente Rivadavia se sumó a esa lista.
¿Basta un gol para calmar la bronca? No. Pero en un club exigente como Rosario Central, cada tanto de delantero vale como una tregua, una señal de que el jugador todavía puede ser parte de la solución.
El alivio de Copetti no borra el pasado, pero le devuelve un punto de partida. En Arroyito, el gol no es un lujo: es la moneda con la que se paga la paciencia.
Con información de: El Ciudadano, que registró el gol y la goleada de Central.

Comentarios (12)
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Copetti no festejó y me pareció justo: en Rosario el gol no se celebra solo, se paga con continuidad. Ahora tiene que seguir así.
No es justo, el tipo venía de seis meses sin convertir y la tribuna lo tiene en el ojo. Un gol no borra todo, pero le da aire.
Aire no le da, le da una tregua. Si el próximo partido no aparece, la bronca vuelve igual.
Me gustó que Di María y Sández lo hayan habilitado, el gol fue colectivo y eso le hace bien al equipo.
¿Un gol y ya? Central necesita delanteros que conviertan todos los partidos, no un alivio de domingo.
Con todo respeto, exigirle más efectividad es válido, pero hay que reconocer que el gol llegó en una jugada colectiva.
Lo de Godoy Cruz y ahora Independiente Rivadavia es un dato raro: a los mendocinos los patea.
5-0 y líder del grupo, la goleada fue para que nadie se quede con el foco solo en Copetti.
Espero que no lo vuelvan a linchar por un partido flojo. En Rosario Central el delantero siempre está al límite.
El no festejo me pareció de madurez, no de drama. El gol lo necesitaba más que la tribuna.
12 goles en 98 partidos no es para tirar flores, pero el contexto de seis meses sin convertir pesa.