Hay frases que dicen más de lo que parecen. Cuando el ministro Federico Sturzenegger escribió en X que "hoy odiamos las exportaciones un poquito menos", no estaba siendo gracioso: estaba reconociendo, con una honestidad que no es habitual en la política argentina, que el Estado lleva décadas poniendo palos en la rueda a los que quieren vender al mundo.
La medida que festejó el titular de Desregulación y Transformación del Estado es la Resolución 593/2026 del Senasa, firmada por su presidenta Beatriz Giraudo. En términos simples: a partir de ahora, los establecimientos que exportan productos de origen animal no van a tener que renovar sus habilitaciones cada dos años. Mientras sigan cumpliendo las condiciones sanitarias y operativas, la habilitación se mantiene vigente. Sin trámite, sin formulario, sin ventanilla.
Para entender por qué esto importa, hay que ponerse en los zapatos de un frigorífico de la provincia de Santa Fe, uno de los principales polos exportadores del país. Cada dos años, ese establecimiento debía iniciar un trámite para renovar su habilitación ante el Senasa para cada destino de exportación por separado. No importaba si exportaba a China, a Brasil o a la Unión Europea: cada mercado, un trámite distinto. Cada trámite, formularios en papel, tiempos de espera, costos administrativos y, sobre todo, incertidumbre.
¿Cuántas operaciones se perdieron por una habilitación vencida o demorada? Nadie lleva ese registro, y eso también es parte del problema.
La nueva norma unifica los criterios para la autorización de establecimientos exportadores en un procedimiento único con requisitos claros para la solicitud, evaluación, otorgamiento y mantenimiento de las habilitaciones. Además, elimina definitivamente la presentación de formularios en soporte papel, adecuando todo al sistema de gestión digital que el organismo ya venía implementando.
Sturzenegger fue más lejos en su diagnóstico. Sostuvo que "el entramado normativo de Argentina tiene una lógica tan implacable como incomprensible: dificultar todo lo posible cualquier actividad de exportación". Es una afirmación fuerte, pero difícil de rebatir cuando uno mira el historial de trabas burocráticas que acumuló el sector agroexportador durante décadas: retenciones, cupos, ROE, registros, habilitaciones que vencen, formularios que se duplican.
Desde el Senasa aclararon que la simplificación no implica relajar los controles sanitarios. Las habilitaciones mantendrán su vigencia mientras los establecimientos conserven las condiciones que dieron lugar a su otorgamiento y sigan cumpliendo las exigencias de la normativa vigente y de los países importadores. La inocuidad de los productos, insistieron, no está en discusión.
Para Rosario y su zona de influencia, que concentra buena parte de la agroindustria santafesina, esta resolución no es un dato menor. La región es uno de los principales corredores de exportación del país: frigoríficos, plantas procesadoras de lácteos, industrias pesqueras del litoral. Todos ellos operan bajo habilitaciones del Senasa y todos ellos se benefician directamente de esta simplificación.
El paso es chico, como admitió el propio Sturzenegger al hablar de "un pasito más". Pero en un país donde la burocracia exportadora se construyó ladrillo por ladrillo durante generaciones, desmantelarla también va a llevar tiempo. La pregunta que queda en el aire es si este ritmo de reformas alcanza para cambiar la ecuación de fondo, o si es apenas cosmética sobre un sistema que sigue siendo hostil a los que producen y venden al mundo.
Por ahora, un trámite menos. Y eso, en Argentina, ya es noticia.

Comentarios (13)
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Trabajo en un frigorífico de la zona norte de Rosario y te juro que cada renovación era un calvario. Papeles, sellos, esperas. Si esto realmente se simplifica como dicen, es un alivio enorme para el sector.
Un 'pasito' dice Sturzenegger. Mientras tanto las retenciones siguen ahí, clavadas. Con un pasito no alcanza, pibe.
Cierto que las retenciones siguen, pero no todo se resuelve de una. Algo es algo, no?
Algo es algo... sí, claro. Pero cuando te sacan el 33% de lo que exportás, que te ahorren un formulario no mueve el amperímetro.
Me parece bien la medida pero me genera desconfianza que bajen los controles. Que garantía tenemos de que los productos que exportan cumplen las normas sanitarias si ya no hay renovación periódica?
Silvia, la renovación de la habilitación no era un control sanitario, era un trámite administrativo. Los controles de inocuidad son continuos y no cambian con esta resolución. Son cosas distintas.
Gracias por la aclaración, Marcos. No lo sabía. Entonces sí parece una medida razonable.
Sturzenegger con esa frase de 'odiamos las exportaciones un poquito menos' me mató. Al menos reconocen que el Estado argentino fue siempre el peor enemigo del que produce.
Muy lindo el tuit de Sturzenegger pero yo quiero ver resultados concretos en la balanza comercial. Las frases ingeniosas no pagan sueldos.
Mi marido tiene una empresa que exporta miel al exterior y dice que estos trámites del Senasa eran una pesadilla. Ojalá esto funcione de verdad y no sea solo papel.
Bienvenido sea cualquier cosa que le saque burocracia al sector exportador. Argentina tiene todo para exportar y siempre nos las ingeniamos para frenarnos solos. Una vergüenza histórica.
Y mientras tanto los pequeños productores siguen sin poder acceder a los mercados externos porque los costos de certificación los matan. Esta medida beneficia a los grandes frigoríficos, no al chacarero.
Graciela, algo de razón tenés, pero menos burocracia beneficia a todos, no solo a los grandes. El problema de los costos de certificación es otro tema.