Lo que por años fue un espacio descuidado, casi olvidado entre el cemento y el río, volvió a respirar. Rosario inauguró este jueves los renovados muelles de la Terminal Fluvial, el histórico punto de encuentro entre la ciudad y el Paraná, con una obra que promete devolverle a los vecinos algo que siempre fue suyo: el acceso real al río.
El paseo renovado incluye nuevas explanadas con pisos de adoquines, sectores verdes con bancos, iluminación LED y áreas específicas para el movimiento de embarcaciones. Una postal que, al menos en el papel, suena a lo que los rosarinos llevan décadas reclamando: que el río deje de ser una postal lejana y se convierta en parte viva de la vida cotidiana.
"Recupera su vínculo con la ciudad", fue la frase que resonó durante el acto inaugural, y que resume el espíritu de una intervención que apunta a transformar uno de los sectores más simbólicos de la costanera rosarina. Porque La Fluvial no es cualquier lugar: es el punto donde históricamente llegaban los barcos, donde generaciones de rosarinos se asomaron al Paraná, y que con el tiempo fue perdiendo presencia y mantenimiento.
¿Cuánto tiempo estuvo este espacio en el abandono mientras la ciudad miraba para otro lado? La respuesta incomoda, pero la obra al menos marca un punto de inflexión.
El rediseño del muelle apuesta por un uso mixto y público: no solo para quienes tienen embarcaciones, sino para el vecino que quiere sentarse a mirar el río, para las familias que buscan un espacio verde cerca del agua, para los que simplemente quieren caminar con el Paraná de fondo. En ese sentido, la propuesta urbanística tiene coherencia con lo que las ciudades modernas hacen con sus frentes de agua: abrirlos, democratizarlos, integrarlos.
La Terminal Fluvial queda sobre la costanera central de Rosario, en el corazón del frente ribereño que la ciudad viene transformando desde hace años con distintos proyectos, algunos más exitosos que otros. Este sector en particular había quedado rezagado respecto a los parques y paseos que se desarrollaron más al norte y al sur. La renovación de los muelles intenta cerrar esa brecha.
Los materiales elegidos —adoquines, vegetación, luminarias de bajo consumo— apuntan a una estética que dialoga con el entorno histórico sin caer en el exceso de modernidad fría. Bien ejecutado, puede ser uno de esos lugares que la gente adopta rápido. Mal mantenido, puede convertirse en otra promesa que el tiempo y la desidia se comen.
Y ahí está el punto que nadie dice en los actos de inauguración pero que todos los rosarinos saben: inaugurar es fácil, mantener es otra historia. La costanera tiene ejemplos de sobra en ambas direcciones. El desafío real empieza ahora, cuando las cámaras se van y queda el espacio a merced del uso cotidiano, del vandalismo, de la falta de presupuesto para el mantenimiento.
Por ahora, el río volvió a estar un poco más cerca. Y eso, en una ciudad que tiene uno de los frentes fluviales más imponentes del país y que históricamente le dio la espalda al Paraná, no es poca cosa.

Comentarios (13)
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Por fin algo lindo para la costanera. Hace años que ese sector estaba hecho una mugre, con los muelles rotos y sin mantenimiento. Ojalá lo cuiden porque los rosarinos nos merecemos disfrutar el río.
Inauguran, sacan fotos, cortan la cinta y en seis meses está todo roto de vuelta. Ya vi esta película mil veces.
Siempre con lo mismo. ¿No podés alegrarte aunque sea un ratito? Algo hicieron, ¿o preferís que no hagan nada?
Prefiero que hagan y después mantengan, que es lo que nunca pasa. Alegrarme cuando vea que en dos años sigue igual de bien.
Fui ayer a ver cómo quedó y la verdad es que está muy bien. Los adoquines, la iluminación, los bancos... se nota que pensaron en el vecino común, no solo en los que tienen lanchas.
Me parece bien la obra pero me pregunto cuánto costó y si esa plata no hacía más falta en los barrios que no tienen ni cloacas. Prioridades, señores.
Rodrigo, eso no es una cosa o la otra. La ciudad puede invertir en infraestructura urbana Y en servicios básicos al mismo tiempo. No todo tiene que ser una disyuntiva.
Viví 40 años a tres cuadras de la Fluvial y nunca pude sentarme tranquilo a mirar el río porque todo estaba abandonado. Si esto cambia eso, bienvenido sea.
¿Y los vendedores ambulantes que estaban ahí hace años los sacaron? Porque eso también era parte del lugar y no me parece bien que los corran para emprolijar la foto.
Buena pregunta la de LaFlaca, eso habría que investigarlo. Siempre que renuevan algo en la costanera los que pagan el pato son los más vulnerables.
Arquitecto de profesión. La elección de adoquines y vegetación en lugar de hormigón liso es correcta para ese entorno histórico. Bien pensado desde lo urbanístico. Ahora, el mantenimiento es clave, como en todo espacio público.
Mientras tanto en mi barrio las calles son un desastre y no viene nadie a arreglar nada. Para la foto del centro siempre hay plata.
Fui con mis hijos el fin de semana pasado y estaban con muchas ganas de que abra. Ahora les voy a avisar. El río es de todos y hay que aprovecharlo.