Hay nombres que no necesitan presentación en el mundo del cine, y Lucrecia Martel es uno de ellos. La directora y guionista argentina, autora de una filmografía que sacudió los cimientos del relato latinoamericano, recibirá el próximo 8 de agosto el título de Doctora Honoris Causa de la Universidad Nacional de Rosario: el máximo reconocimiento honorífico que otorga la casa de estudios.
La ceremonia está pautada para las 10.30 horas en el Espacio Cultural Universitario (ECU), sobre la costa del Paraná, y promete ser uno de los actos académicos más significativos que la UNR haya organizado en los últimos años. No es para menos: pocas cineastas argentinas tienen una proyección internacional comparable a la de Martel.
La distinción fue aprobada por el Consejo Superior de la universidad, que en los fundamentos de la resolución sostuvo que el cine de Martel "constituye una intervención sostenida en los procesos de construcción de sentido que organizan la vida social". Una definición académica que, traducida al llano, significa esto: sus películas no entretienen y ya, sino que incomodan, cuestionan y obligan a pensar.
La obra de Martel incluye títulos que son hoy referencia obligada en cualquier escuela de cine del mundo: La ciénaga (2001), La niña santa (2004), La mujer sin cabeza (2008) y Zama (2017). Cada una de esas películas exploró, con una precisión casi quirúrgica, las relaciones de poder, las desigualdades sociales y los mecanismos invisibles que ordenan —y distorsionan— la vida cotidiana en América Latina.
¿Cuántos directores argentinos pueden decir que sus retrospectivas pasaron por el MoMA de Nueva York, el Centre Pompidou de París, la Tate Modern de Londres, el Lincoln Center y las universidades de Harvard y Cambridge? La respuesta es corta. Martel está en ese grupo selecto, y eso no es un dato menor a la hora de entender el peso de este reconocimiento.
Su trayectoria en festivales internacionales también habla por sí sola. Sus films integraron la selección oficial del Festival de Cannes y fueron premiados en Sundance, Berlín, Toulouse y La Habana. En 2019 presidió el jurado del Festival Internacional de Cine de Venecia, uno de los tres festivales más importantes del planeta. Y en Argentina, el Premio Konex la reconoció como una de las cinco mejores directoras de cine de la década.
Pero Martel no es solo una realizadora de culto encerrada en la sala de montaje. Desarrolló una intensa actividad docente en universidades, escuelas de cine e instituciones culturales de distintos países, con foco especial en guion, dirección y diseño sonoro. Ese último punto —el sonido— es quizás la marca más personal de su cine: en sus películas, lo que se escucha importa tanto o más que lo que se ve.
Con este nombramiento, la UNR incorpora a Martel a la lista de personalidades que recibieron el Honoris Causa por su aporte excepcional a la cultura y el conocimiento. Rosario, ciudad que siempre tuvo una relación intensa con las artes y el pensamiento crítico, le abre las puertas de su universidad más grande a una de las mentes más originales del cine argentino. Y eso, en tiempos donde la cultura pública está bajo presión permanente, no es un gesto menor.

Comentarios (12)
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Que reconocimiento tan merecido. La ciénaga la vi por primera vez en la facultad de comunicación y me cambió la cabeza. Martel es de otro nivel.
Bien por la UNR. Aunque me pregunto cuántos rosarinos conocen realmente su obra más allá del nombre. Habría que aprovechar esto para dar ciclos de sus películas en los barrios.
Con todo respeto, no entiendo por qué una universidad pública le da un título honorífico a alguien que vive en el exterior y cuyas películas las ve un puñado de intelectuales. Hay docentes e investigadores de la propia UNR que merecerían ese reconocimiento primero.
Horacio, el Honoris Causa no es para docentes de la casa, para eso están otros reconocimientos. Es exactamente para esto: figuras de proyección internacional que representan lo mejor de la cultura argentina. Y Martel cumple eso con creces.
Cecilia, entiendo el argumento, pero igual me parece que hay nombres más vinculados a Rosario que merecerían el reconocimiento. No digo que Martel no sea talentosa, digo que hay prioridades.
Zama es una obra maestra. Que una argentina haya llevado a Vargas Llosa al cine con esa sensibilidad es algo que no se repite fácil. Reconocimiento más que justo.
Me alegra que la UNR reconozca a las mujeres en el arte. Ojalá la ceremonia sea abierta al público, me encantaría poder ir.
¿Y cuándo van a arreglar los baños del ECU que están rotos hace tres años? Pregunto para un amigo.
El Tano jajaja siempre hay uno. Pero bueno, tiene razón en algo: los espacios culturales públicos necesitan más inversión. Las dos cosas pueden ser ciertas.
Harvard, Cambridge, el MoMA, Cannes, Venecia... y hay gente que todavía discute si merece el reconocimiento. A veces me pregunto si en este país valoramos lo nuestro solo cuando nos lo validan desde afuera. Igual, bienvenido el título.
Estudiante de Comunicación UNR acá. Esto es enorme para la facultad. Ojalá venga a dar una charla abierta después de la ceremonia.