En Rosario, trabajadoras sexuales convocaron a un paro inédito en la historia del sindicato para el martes 3 de noviembre, tras los femicidios que sacudieron al país.
La dirigente de Ammar, Georgina Orellano, resumió la bronca con una frase: “Hay vidas que valen más que otras”.
Los crímenes que encendieron la medida de fuerza involucran a Débora Bordón y Bárbara Aragón en Rosario, Daniela Villalba en Córdoba y Tatiana Fernández en Retiro.
Según la fuente, las cuatro estaban trabajando cuando fueron atacadas y asesinadas por sus clientes. Ese dato, para Orellano, muestra la precarización laboral y la pobreza estructural que empujan a aceptar condiciones inseguras.
Orellano cuestionó que algunos medios hablaran de asesino serial porque el mismo femicida apareció en dos casos, pero no en los otros dos. “No hay un asesino en serie, hay precariedad”, advirtió.
La dirigente comparó el tratamiento con el caso de la docente Nancy: allí se habla de precariedad laboral; con las trabajadoras sexuales, se pone el foco en el femicida o en la decisión de quienes ejercen el trabajo.
Para Ammar, la violencia institucional empuja a muchas compañeras a dejar la calle y buscar departamentos, habitaciones de hotel o páginas web. Orellano explicó que esa virtualidad aparece como una oferta de ascenso social, pero también trae riesgos.
La dirigente enumeró detenciones, acoso, arbitrariedad y persecución policial en Rosario, en la ciudad de Buenos Aires, en alguna zona de la provincia de Buenos Aires, en Córdoba, en Jujuy, en Salta y en muchas provincias con códigos contravencionales vigentes.
El Estado, sostuvo Orellano, prohibió anuncios en diarios, cerró cabarets y whiskerías y condena espacios cerrados. La reforma de la ley de trata de 2012 considera proxenetismo la grupalidad en un departamento.
El paro busca visibilizar una problemática que, según Ammar, se agrava con la clandestinidad. Bajo las consignas “Basta de femicidios y violencia hacia las trabajadoras sexuales”, “La clandestinidad mata” y “Nos matan porque creen que la vida de las putas vale menos”, las trabajadoras sexuales darán lugar al ingenio para concentrarse y visibilizar.
Orellano advirtió que el trabajo sexual no está reconocido, no tiene patronal y carga con un estigma social muy fuerte. Reconoció que no saben cómo se hace un paro de putas, pero insistió en que sus vidas y las de sus compañeras valen.
La dirigente denunció un borramiento de la precarización laboral, de la pobreza estructural y de la responsabilidad del Estado. Para ella, el debate no puede reducirse al femicida cuando el contexto empuja a aceptar riesgos para pagar un techo o comprar alimento.
En el último mes, los femicidios de trabajadoras sexuales evidenciaron la precarización a la que están expuestas. Orellano sostuvo que las medidas de cuidado que sostienen deben fortalecerse, porque la violencia institucional las encierra en la clandestinidad del peligro.
El paro, convocado por Ammar, no tendrá una forma clásica porque el trabajo no está reconocido y no tiene patronal. Las trabajadoras sexuales usarán el ingenio para concentrarse y visibilizar una problemática que, según la fuente, se agrava con la prohibición estatal.

Comentarios (10)
Deja tu comentario
Me parece muy justo que salgan a la calle. La clandestinidad las expone a morir y nadie quiere hablar de eso.
Coincido, pero también hay que pedir que se investigue cada femicidio con la misma fuerza que otros crímenes.
Siempre la misma historia: cuando no hay derechos, la violencia aparece. Ojalá el paro sirva para que no quede en un titular.
¿Y los clientes? No son solo las trabajadoras las que tienen que cuidarse, también quien contrata.
No me parece que sea lo mismo. El femicida es el responsable directo, no el contexto.
En Rosario se nota la falta de políticas. Ojalá no sea solo un día y después vuelva todo a la clandestinidad.
Gracias a Ammar por visibilizar. Necesitamos más medidas de cuidado y menos criminalización.
Igual, que no quede en un hashtag. Hay que exigir que se fortalezcan las medidas de cuidado que ya sostienen.
Lo que más me preocupa es que la virtualidad se venda como ascenso social y termine siendo otro lugar de riesgo.