Lo que pasó en mayo de 2015 no fue un crimen al azar. Fue una orden. Una decisión fría, calculada, tomada por una mujer que sintió que le habían tocado lo suyo y mandó a cobrar la deuda de la peor manera posible: con una vida.
Este miércoles arrancó en Rosario el juicio oral contra una mujer cuya identidad no fue difundida públicamente, acusada como coautora del asesinato de un joven de 18 años ocurrido hace más de una década en esta ciudad. La víctima murió como consecuencia de una represalia directa: alguien había robado droga dentro de la casa de la imputada, y ella decidió que eso no iba a quedar así.
La Fiscalía sostiene que la mujer fue quien dio la orden. Que no apretó el gatillo, pero que sin su mandato no había crimen. Por eso pide 25 años de prisión. En la misma causa, dos hombres ya fueron condenados por el mismo hecho, los que ejecutaron lo que alguien más había decidido. Ahora le toca el turno a quien, según la acusación, estaba más arriba en esa cadena de decisiones.
En el mismo ataque, un amigo de la víctima resultó herido. Dos pibes en el lugar equivocado, en el momento equivocado, cruzados por una lógica narco que no distingue entre culpables e inocentes.
Pero la historia judicial de esta mujer tiene otro capítulo que no es menor: durante siete años estuvo prófuga. Siete años en los que la Justicia la buscaba y ella seguía libre, lejos de Rosario. Recién en 2023 fue detenida en Buenos Aires, lo que permitió que el proceso llegara finalmente a juicio oral. Ese dato solo ya dice mucho sobre los tiempos de la Justicia y sobre cuánto puede durar la impunidad cuando alguien decide desaparecer.
¿Cuántas familias esperan años, décadas, que la Justicia llegue a todos los responsables de un crimen? El caso de este joven de 18 años es un ejemplo más de esa espera interminable. Su familia lleva once años buscando que se cierre el círculo completo.
El contexto del crimen es el de la economía narco que por esos años ya tenía raíces profundas en varios barrios de Rosario. El robo de droga dentro de una vivienda no es un hecho menor en esa lógica: es una afrenta que, en ese mundo, se cobra con violencia. La víctima tenía 18 años. Toda una vida por delante, cortada por una disputa que no era suya o en la que quedó atrapado sin salida.
El juicio que comenzó hoy es la última pieza de un rompecabezas judicial que tardó demasiado en completarse. Si la condena llega, serán tres personas condenadas por el mismo hecho. Si no llega, habrá que preguntarse qué falló. Pero eso lo dirá el tribunal. Por ahora, la acusación tiene la palabra.

Comentarios (12)
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Once años esperando justicia. Once años. Y todavía no terminó. No me imagino lo que vivió esa familia.
Y mientras tanto estuvo 7 años dando vueltas por ahí tranquila. Qué sistema de mierda tenemos.
Che, pero hay que esperar el juicio. Que la Fiscalía pida 25 años no significa que los vaya a recibir. Veamos qué dice el tribunal.
Lo que me parece grave es el móvil. Le robaron droga y mandó a matar. Eso es una organización narco funcionando con sus propias reglas dentro de la ciudad. Y en 2015 ya era así.
Un pibe de 18 años. Eso es lo que no puedo sacarme de la cabeza. 18 años.
Que hayan condenado ya a los dos ejecutores y ahora vayan por la que dio la orden me parece que está bien. Hay que ir por toda la cadena, no solo por los que aprietan el gatillo.
Exacto Hernán, siempre caen los de abajo y los que mandan zafan. Por eso es importante este juicio.
25 años le van a dar y en 10 sale. Ya sabemos cómo termina esto.
No necesariamente Diego, depende del tribunal y de si hay atenuantes. Pero entiendo el escepticismo, la verdad.
Lo que me revienta es que estuvo 7 años prófuga y nadie la encontraba. Cómo puede ser? Dónde estaba Interpol, dónde estaba la policía?
Estaba en Buenos Aires, no en el exterior. Eso dice todo sobre cuánto se buscó realmente.