La palabra moneda vuelve a ser tendencia en Google Argentina, con más de mil búsquedas que reflejan lo que cualquier rosarino sabe de memoria: cuando el peso tambalea, el interior del país lo siente primero y más fuerte. No hace falta ser economista para entenderlo. Alcanza con ir al mercado del Abasto, pararse en una ferretería del Mercado Concentrador o hablar con un exportador de soja en la Bolsa de Comercio de Rosario para tomar el pulso real de la economía.
El debate sobre la moneda nacional no es nuevo en la Argentina, pero cada ciclo político lo recicla con nuevos condimentos. Desde la convertibilidad hasta la dolarización que pregona el gobierno de Milei, pasando por las devaluaciones kirchneristas y los cepos cambiarios que se sucedieron uno tras otro, Santa Fe siempre pagó los platos rotos de las decisiones que se toman a 300 kilómetros de acá, en el microclima de la Casa Rosada.
Lo que está pasando hoy no es menor. El esquema cambiario vigente, con sus bandas de flotación y la salida del cepo para personas físicas, generó una oleada de consultas ciudadanas sobre qué conviene hacer con los ahorros, si dolarizarse, si confiar en el peso o directamente guardar los billetes bajo el colchón como hicieron generaciones enteras de santafesinos escarmentados. En las casas de cambio del microcentro rosarino, los empleados cuentan que las consultas se dispararon. La gente quiere saber. La gente desconfía. Y tiene razones históricas para hacerlo.
Desde la Bolsa de Comercio de Rosario, que es el termómetro real de la economía productiva del país, el mensaje siempre fue el mismo: necesitamos estabilidad monetaria para planificar. El campo, la industria, las pymes del Gran Rosario no pueden proyectar inversiones cuando no saben qué va a valer el peso en seis meses. Eso no es ideología, es matemática básica.
En la vereda política, el gobernador Maximiliano Pullaro viene sosteniendo con prudencia la relación con el gobierno nacional, consciente de que Santa Fe necesita previsibilidad fiscal para cerrar su propio presupuesto. La provincia tiene compromisos en pesos, cobra coparticipación en pesos y paga salarios en pesos. Cualquier movimiento brusco de la moneda impacta directo en las cuentas del Palacio de los Leones.
El tema de la moneda, en definitiva, no es una abstracción académica. Es el precio del pan, el valor del alquiler, el sueldo que llega a fin de mes. Los rosarinos lo saben bien. Y por eso siguen buscando respuestas en Google, porque las respuestas oficiales, históricamente, llegaron tarde o no llegaron. La desconfianza en la moneda es una herida cultural argentina que ningún decreto termina de cerrar.
Comentarios (4)
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Acá en el barrio Fisherton todos preguntan lo mismo: ¿en qué guardo los ahorros? Nadie confía en el peso hace años. No es culpa de este gobierno solo, es una historia larga.
Bianchi tiene razón en algo: el interior siempre paga los experimentos monetarios que se deciden en Buenos Aires. Acá en Rosario lo vemos cada vez que hay una devaluación.
Yo trabajo en una pyme metalúrgica en Pérez y te digo que sin estabilidad cambiaria es imposible planificar. No sabés a qué precio cotizar un trabajo a 90 días.
Al menos Pullaro está manejando la provincia con cierta sensatez. Ojalá en Nación aprendan algo de cómo se administra sin tanto show mediático.