El nombre de Pity Álvarez volvió a explotar en las búsquedas de Google Argentina y, como siempre que pasa esto, hay algo más profundo detrás que una simple curiosidad mediática. Gastón Ávalos, su nombre real, es uno de los músicos más queridos del rock popular argentino, el tipo que supo ponerle voz a los pibes de los barrios, a los que quedaron afuera del sistema, a los que el modelo neoliberal dejó tirados en la banquina.
Acá en Rosario, el nombre de Pity siempre tuvo peso. Sus canciones con Intoxicados y con Viejas Locas sonaron en cada esquina, en cada cumpleaños de barrio, en cada kiosco con la radio prendida. Era la banda sonora de una generación que creció entre la crisis del 2001 y la esperanza de los años kirchneristas. No es casualidad que lo recuerden tanto en esta ciudad, donde el rock popular y la cultura de barrio van de la mano con la identidad obrera.
La historia de Pity es también la historia de lo que le pasa a mucha gente cuando el Estado da la espalda. Las adicciones, la salud mental deteriorada, los conflictos con la ley, todo eso no cae del cielo: es el resultado de años de abandono, de falta de políticas públicas serias, de un sistema que te exprime cuando sos útil y te descarta cuando ya no rendís. Y eso, en el contexto del ajuste brutal que está aplicando Milei sobre los programas de salud mental y las políticas sociales, duele el doble.
Porque mientras el gobierno nacional recorta presupuesto en salud, en cultura, en asistencia a personas con problemáticas de adicciones, hay miles de pibes en los barrios de Rosario y de todo el país que están transitando situaciones parecidas a las de Pity, sin cámaras, sin que nadie los busque en Google. Esos pibes no tienen ni el reconocimiento ni los recursos que debería garantizar un Estado presente.
El caso de Pity Álvarez está judicializado desde hace años, luego de un hecho grave que lo tuvo como protagonista y que lo llevó a la órbita del sistema penal. Desde entonces, su situación de salud y su proceso legal han generado debates sobre cómo trata la Justicia argentina a personas con trastornos mentales y adicciones severas. Un debate que en Rosario, ciudad que conoce de sobra el drama del narcotráfico y sus consecuencias sociales, resuena con fuerza particular.
Lo que queda claro es que cada vez que Pity Álvarez vuelve a ser tendencia, la gente no está buscando morbo: está buscando respuestas sobre un tipo que los representó, que cantó lo que ellos sentían, y que hoy está en una situación que a nadie le gustaría ver. Eso habla de un vínculo real, de una identidad compartida entre el artista y su pueblo. Y eso, en estos tiempos de individualismo y ajuste, es casi un acto de resistencia.
Comentarios (4)
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Pity es parte de mi adolescencia, lo escuchaba en el barrio Tablada con mis amigos. Ojalá pueda recuperarse, el pibe tenía un talento enorme.
Muy buena nota Hugo. Lo que decís del recorte en salud mental es real, acá en Rosario los centros de atención están desbordados y sin recursos. El Estado brilla por su ausencia.
No sé si mezclar la política con la historia de Pity es lo más justo para él. Su caso es muy complejo y no se reduce a un recorte presupuestario.
Viejas Locas fue la banda de mi viejo y mía al mismo tiempo. Eso no lo logra cualquiera. Pity es un genio del rock popular, ojalá la Justicia lo trate con humanidad.