Rosario Central dio un verdadero golpe de autoridad en el fútbol argentino al vencer a River Plate en el Monumental, en uno de los resultados más resonantes que el Canalla pudo conseguir en los últimos tiempos. El equipo dirigido por Jorge Almirón no solo ganó, sino que convenció, y eso en el mundo del fútbol vale doble.
El partido tuvo su momento de mayor tensión y emoción en el tramo final. A los 91 minutos, una individual de Cantizano puso en jaque al conjunto millonario y desató la euforia canalla. Pero antes de eso, Central había tenido un córner que se extendió por más de dos minutos, una eternidad en tiempo de juego, que funcionó como símbolo perfecto del dominio y la convicción con la que el equipo rosarino manejó los instantes decisivos del encuentro.
Esa capacidad para sostener la pelota, para no desesperarse, para creer en el resultado hasta el final, fue justamente lo que distinguió a este Central del que había salido a la cancha en mayo pasado ante el mismo rival. Aquella versión, opaca y sin argumentos, quedó sepultada bajo esta actuación que el propio plantel y el cuerpo técnico venían buscando como respuesta.
La victoria tiene un peso simbólico y deportivo enorme. Ganar en el Monumental, uno de los estadios más exigentes del país, ante un River que históricamente complica a cualquier visitante, no es un resultado menor. Para el canallismo rosarino, que sigue de cerca cada paso del equipo con la ilusión intacta, este triunfo representa una señal clara: Central está en órbita, metido de lleno en la pelea por los objetivos que se trazó para esta temporada.
Almirón, el entrenador que llegó con la misión de devolverle identidad y competitividad al equipo, encontró en este partido la confirmación de que el proceso va por buen camino. El Canalla mostró solidez defensiva, criterio en la salida y, sobre todo, ese convencimiento colectivo que es tan difícil de construir y tan fácil de perder. No hubo fisuras cuando River apretó, y eso habla de un grupo que ya internalizó la idea del técnico.
Para Rosario, una ciudad que vive el fútbol con una intensidad particular y donde la rivalidad entre Central y Newell's tiñe cada resultado de ambos equipos con un color especial, esta victoria en Buenos Aires llega como un soplo de aire fresco. El canallismo tiene motivos para soñar, y este triunfazo en el Monumental es el argumento más sólido que el equipo pudo ofrecer en lo que va del año.

Comentarios (13)
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Lloré como un nene cuando terminó el partido. Hacía años que no veía a Central jugar así de convencido en el Monumental. Almirón les metió algo en la cabeza que antes no tenían.
Esto es lo que pedíamos desde hace rato. No solo ganar, sino CONVENCER. Hoy Central fue superior a River en su propia casa. Histórico.
Muy bien el equipo, pero no nos volvamos locos. Un partido no hace una temporada. A seguir trabajando y a ver si esto se sostiene.
Jajaja qué bien Silvia, siempre hay uno que baja el entusiasmo. Dejanos disfrutar aunque sea una noche, che.
No te estoy bajando el entusiasmo, te estoy pidiendo que no se vendan humo solos como pasó en mayo. Disfruten pero con los pies en la tierra.
Cantizano en el 91 fue un golazo de categoría. Ese pibe tiene algo especial, hay que cuidarlo y no quemarlo antes de tiempo.
Mi viejo es canalla de toda la vida y me mandó un audio llorando. Con eso les digo todo lo que significa este resultado para la gente.
River tuvo sus chances también, no fue tan dominante Central como lo pintan. Igual el resultado es justo, el que la tuvo más clara ganó.
¿Qué River tuvo chances? ¿Viste el partido? Central los tuvo encerrados en el segundo tiempo. Pará con la objetividad forzada.
Sí vi el partido, y en el primer tiempo River fue claramente superior. No es objetividad forzada, es lo que pasó. Igual ganó Central y está bien.
Almirón demostró que sabe leer los partidos. El equipo estuvo ordenado, no se desesperó cuando River apretó y supo aguantar. Eso no es casualidad, es trabajo.
VAMOS CANALLA LA PUTA QUE LOS PARIÓ
Dos minutos con el córner al final fue una locura. Yo lo estaba viendo y no podía respirar. Cuando pitó el árbitro me largué a llorar.