Lo que pasó no es nuevo en Rosario, pero cada vez que ocurre vuelve a instalar la misma pregunta: ¿dónde termina la legítima defensa y dónde empieza otra cosa? Un policía de franco baleó a un joven de 24 años que había entrado a robar a su casa, y el episodio ya está en manos de la Justicia.
Según la versión oficial, el efectivo —cuya identidad no fue difundida— estaba en su domicilio cuando el joven ingresó con intenciones de robar. En algún momento del encuentro se produjo un forcejeo, y el ladrón habría sacado un puñal para atacar al policía. Fue entonces cuando el efectivo tomó su arma reglamentaria y disparó, impactando al intruso en una pierna.
El joven fue trasladado a un centro asistencial con una herida que, según los primeros informes, no comprometería su vida. El policía, en tanto, quedó a disposición de sus superiores mientras la Justicia evalúa si la respuesta fue proporcional a la amenaza.
La escena tiene todos los ingredientes del debate que se repite: un efectivo fuera de servicio, un arma reglamentaria que nunca descansa, y un intruso que —según el relato policial— escaló la situación al sacar un cuchillo. El problema es que en estos casos siempre hay una sola versión clara desde el primer momento: la del que tiene la placa.
¿Cuántas veces vimos esta misma secuencia en los últimos años? El policía de franco que repele un robo, el ladrón herido, el forcejeo que justifica todo. A veces la investigación confirma la versión oficial. Otras veces, los detalles que van apareciendo después cambian bastante el cuadro. Por eso la Justicia tiene que hacer su trabajo sin apuro y sin presiones.
Lo que sí está claro es que la situación de inseguridad en Rosario tiene a los propios efectivos policiales como víctimas potenciales incluso en sus casas. Un agente que vive en un barrio como cualquier vecino, que guarda el arma pero no puede guardar el contexto en el que vive. Esa es también una realidad que no conviene ignorar.
El caso quedó en manos de la Fiscalía correspondiente, que deberá determinar si el accionar del policía encuadra dentro de la legítima defensa o si hubo exceso. El joven baleado, mientras tanto, recibe atención médica y —cuando su estado lo permita— deberá dar su propia versión de los hechos.
En una ciudad donde los robos a domicilio son moneda corriente y donde la respuesta del Estado muchas veces llega tarde o no llega, episodios como este generan reacciones encontradas. Hay quienes aplauden al policía. Hay quienes piden que la Justicia investigue sin privilegios de placa. Y hay quienes, simplemente, están hartos de que la violencia sea el idioma cotidiano de los barrios rosarinos.

Comentarios (11)
Deja tu comentario
El policía hizo lo que tenía que hacer. Si alguien entra a tu casa con un puñal, no te podés quedar mirando. Punto.
Che Ferreyra, fácil decirlo desde afuera. El pibe tenía 24 años, capaz era la primera vez que robaba por necesidad. Un balazo en la pierna puede dejarte secuelas de por vida.
Y entonces qué hacía entrando a robar con un puñal? La necesidad no te obliga a ir armado. Ahí ya cambia todo.
Siempre es la misma historia: 'hubo forcejeo', 'sacó un cuchillo'. ¿Alguien vio el cuchillo? ¿Hay pruebas? Que investigue la Justicia de verdad, no que archiven todo en 48 horas.
Yo vivo en Rosario hace 40 años y los robos a domicilio son una pesadilla. No sé si el policía se excedió o no, eso lo tiene que ver un juez. Pero entiendo perfectamente que alguien reaccione así cuando le entran a la casa.
Lo que me indigna es que tengamos que llegar a esto. ¿Dónde está el Estado? ¿Dónde está la prevención? El policía tuvo que defender su casa solo, como cualquier vecino.
Abogada penalista acá. La clave del caso va a ser si el puñal existió y si el policía tenía posibilidad de retirarse antes de disparar. La proporcionalidad es todo en legítima defensa. Que no se apresuren a cerrar el expediente.
Valeria tiene razón. Y encima el policía tiene la placa, así que la versión de él siempre pesa más desde el arranque. El pibe baleado va a tener que probar que no atacó, cuando debería ser al revés.
Igual un tiro en la pierna no es para matarlo, lo podría haber matado y no lo hizo. Algo de mesura tuvo el tipo.
Qué país, che. El policía en su casa, el ladrón en el hospital, y nosotros acá discutiendo quién tiene razón mientras la inseguridad sigue igual mañana.
En mi barrio entraron tres veces este año. Tres. Si hubiera un policía viviendo acá capaz que no pasaba. No me vengan con que se excedió.