Lo que pasó este viernes en Villa Allende no tiene precedentes en Argentina. Por primera vez en el país, una ciudad decidió cerrar calles con portones durante la noche para combatir la inseguridad que agobia a sus vecinos.
La medida, que arrancó en los barrios Loma Sur y Pan de Azúcar, consiste en la instalación de portones de tres metros de alto por seis de ancho que bloquearán totalmente el tránsito vehicular entre las 22 y las 6 de la mañana. Según informó Rosario3, se trata de las calles consideradas más peligrosas de la localidad cordobesa.
El intendente Pablo Cornet defendió la iniciativa como parte del Programa Integral de Seguridad Vecinal, pero la realidad es que la ciudad se está convirtiendo en algo parecido a un gran barrio privado. ¿Es esta la solución que necesitamos o estamos normalizando el encierro como única respuesta al delito?
La inversión no es menor: 106 millones de pesos para las 13 unidades y más de 80 millones adicionales para su instalación. En total, casi 200 millones de pesos para transformar una ciudad en una fortaleza nocturna.
Los vecinos están divididos, y con razón. Mientras algunos celebran cualquier medida que prometa más seguridad, otros plantean una pregunta incómoda: ¿realmente un portón va a detener a los delincuentes o solo va a complicarle la vida a los ciudadanos honestos?
La comuna aclaró que los portones no tendrán apertura individual ni control remoto, lo que significa que durante esas ocho horas nocturnas, los vecinos deberán reorganizar completamente sus rutinas. Emergencias médicas, trabajadores nocturnos, situaciones imprevistas: todo deberá canalizarse por los accesos habilitados.
El programa también incluye cámaras de seguridad y refuerzo del patrullaje, medidas que suenan más razonables que convertir las calles públicas en pasillos de country. Pero la pregunta de fondo persiste: ¿estamos resolviendo el problema de la inseguridad o simplemente trasladándolo a otro lado?
Villa Allende marca un precedente peligroso. Si esta medida se replica en otras ciudades, estaremos admitiendo que el Estado perdió definitivamente la batalla contra el delito y que la única salida es encerrarnos todos. La libertad de circulación, un derecho constitucional básico, queda relegada en nombre de una seguridad que todavía está por verse si será efectiva.

Comentarios (12)
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Me parece perfecto. Si el Estado no puede garantizar seguridad, que al menos nos dejen defendernos como podamos. Prefiero estar encerrado que muerto.
Roberto, ¿defendernos? Esto no es defenderse, es rendirse. Le estamos regalando las calles a los delincuentes y encima pagamos 200 palos para encerrarnos nosotros.
Esto es una locura total. ¿Qué pasa si tengo una emergencia médica a las 2 de la mañana? ¿Tengo que dar la vuelta por media ciudad? Es inconstitucional.
Los chorros van a saltar el portón o van a ir a robar a otro barrio. Solo jodemos a los laburantes que vuelven tarde del trabajo.
Vivo acá hace 30 años y nunca vi tanta inseguridad. Si esto sirve para que mis nietos puedan jugar tranquilos, bienvenido sea.
Susana, ¿y si en vez de encerrarnos exigimos que la policía haga su trabajo? 200 millones de pesos podrían haber contratado más efectivos.
Como médica te digo que esto es un problema serio. Las ambulancias van a tardar más en llegar, los bomberos también. ¿Quién se hace responsable si alguien muere por la demora?
Doctora, tiene razón. Mi hermana es enfermera y dice que ya están reorganizando los turnos por este tema. Es un quilombo bárbaro.
En países serios esto funcionaría. Acá los políticos van a cobrar coimas para abrir los portones cuando quieran. Ya van a ver.
¿Y si se corta la luz y no se pueden abrir? ¿Y si hay un incendio? Nadie pensó en los riesgos de esta medida disparatada.
Por algo será que Villa Allende es la primera en hacer esto. Seguramente probaron todo lo demás y no funcionó. Hay que darle una oportunidad.
Ana, ¿una oportunidad? Con 200 millones de pesos se podría haber hecho un centro de monitoreo, más patrulleros, mejor iluminación. Esto es tirar la plata.