La palabra actuación está en boca de todos en Argentina y miles de personas la buscan en Google en este momento. Puede ser por un estreno, por un programa de televisión, por algún concurso de talentos, o simplemente porque la cultura popular vuelve a ocupar el lugar que nunca debería haber perdido. Acá, en Rosario, eso lo sabemos bien: esta ciudad tiene una de las escenas teatrales más ricas del interior del país, y eso no es casualidad.
El teatro rosarino tiene historia, identidad y pueblo. Desde los grupos independientes que ensayan en sótanos del Centro hasta las grandes producciones del Teatro El Círculo, la actuación en esta ciudad es una forma de resistencia cultural. En tiempos donde el ajuste de Milei recorta todo lo que toca, la cultura es uno de los sectores que más sangra. Los subsidios nacionales al teatro independiente fueron reducidos o directamente eliminados, y eso lo pagan los actores, los directores, los técnicos, los laburantes de la cultura.
Porque sí, actuar es trabajar. Y acá hay que decirlo fuerte y claro: los trabajadores de las artes escénicas son trabajadores. Tienen sindicatos, tienen paritarias, tienen derechos. La Asociación Argentina de Actores representa a miles de compañeros que hoy ven cómo sus condiciones laborales se deterioran en un contexto de inflación y desfinanciamiento cultural. No es un tema menor: es una discusión sobre qué sociedad queremos ser.
En Rosario, la formación en actuación es una salida laboral real para muchos pibes y pibas del barrio. Las escuelas de teatro municipales, los talleres de los centros culturales barriales, los institutos privados: todo ese ecosistema genera trabajo, genera identidad, genera comunidad. Cuando el Estado nacional abandona la cultura, son los municipios y las provincias los que tienen que salir a bancar. Y acá hay que reconocer que la gestión local ha sostenido espacios culturales que en otras ciudades directamente cerraron.
El interés masivo por la actuación en Argentina también habla de algo más profundo: la gente quiere expresarse, quiere contar historias, quiere verse reflejada en el escenario o en la pantalla. Eso es una necesidad humana que ningún ajuste puede suprimir. Los rosarinos lo saben: llenan las salas, aplauden de pie, sostienen con su entrada el trabajo de los artistas locales.
Que la actuación sea tendencia nacional es una buena noticia. Significa que la cultura sigue viva, que la gente sigue eligiendo el arte como parte de su vida. Ahora falta que el Estado esté a la altura, que financie, proteja y valorice a los trabajadores de la cultura. Porque sin cultura, el pueblo pierde una de sus herramientas más poderosas de transformación social. Y eso, compañeros, no lo podemos permitir.
Comentarios (4)
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Exactamente esto. Mi hijo estudia actuación en una escuela municipal y cada año nos dicen que los recursos son menores. La cultura no es un lujo, es un derecho.
El teatro rosarino es una joya que mucha gente no valora hasta que lo pierde. Hay que bancarlo con la entrada y con el voto.
Buen artículo Hugo, aunque me parece que también hay escuelas privadas que hacen un laburo enorme y no siempre se las menciona.
Todo muy lindo pero el problema es que el Estado no puede financiar todo eternamente. En algún momento el arte tiene que sustentarse solo.