Lo que parecía una conversación sobre tecnología era, en realidad, el lenguaje cifrado de una organización narco con raíces en Rosario. La palabra "iPhone" no designaba ningún celular: era el código que usaban para hablar de cocaína. Y esa clave, extraída de los mensajes del detenido, fue una de las piezas que terminó de armar el rompecabezas para los fiscales federales.
Este viernes, en los Tribunales Federales de Rosario, quedó formalizada la situación procesal de Ezequiel M., un hombre de 37 años detenido el jueves por la tarde por la Policía Federal Argentina en una vivienda ubicada en inmediaciones de Cochabamba al 1000. El juez federal de garantías Eduardo Rodrígues Da Cruz ordenó su prisión preventiva por 60 días, acusado de ser el cerebro logístico detrás de uno de los cargamentos de droga más significativos interceptados en la región en el último año.
La historia arranca el 28 de junio de 2025, cuando personal de la Sección Seguridad Vial Junín de Gendarmería Nacional frenó un taxi en el kilómetro 246 de la Ruta Nacional N°7, a la altura de Junín, durante un operativo de rutina. Lo que encontraron adentro no era rutinario para nada: 26,33 kilogramos de clorhidrato de cocaína, distribuidos en 25 envoltorios tipo ladrillo. Quince estaban dentro de una mochila; los otros diez, ocultos detrás del respaldo del asiento trasero y junto al tubo de GNC del Renault Fluence. El conductor, identificado como Franco Gabriel A., oriundo de Rosario, quedó detenido en el acto. Su causa tramita hoy en el Tribunal Oral Federal N°1 de La Plata.
Pero la investigación no se detuvo ahí. Los fiscales Santiago Cruz Alberdi, de la Oficina de Narcocriminalidad, y Juan Pablo Frausín, del Área de Atención Inicial de la Unidad Fiscal Rosario, siguieron tirando del hilo. El cruce de líneas telefónicas, el análisis de conversaciones extraídas del dispositivo secuestrado al taxista y los elementos de un legajo paralelo por narcotráfico donde figura un tal Cristian D.M. fueron armando el perfil de Ezequiel M. como el hombre que daba las órdenes.
El detalle que más llama la atención es el sistema de comunicación que usaba la organización. Además de WhatsApp, los involucrados recurrían a Zangi, una aplicación de mensajería instantánea diseñada para dificultar el rastreo. Y para hablar de la mercadería, usaban el término "iPhone" de manera sistemática. No es la primera vez que las organizaciones narco apelan a este tipo de códigos, pero la reiteración del término en los chats fue, según los fiscales, una evidencia contundente.
Lo que terminó de sellar la suerte de Ezequiel M. fue un mensaje de audio atribuido a su línea telefónica, reproducido durante la audiencia. En ese audio, el imputado se lamenta por lo ocurrido el 28 de junio: la pérdida del cargamento, el taxista detenido, el operativo que desbarató el transporte. No era el lamento de un espectador. Era el de alguien que había organizado todo y vio cómo se le caía el negocio.
¿Cuántos cargamentos similares llegaron a destino antes de que este cayera? Es la pregunta que, seguramente, los investigadores siguen haciéndose. Porque 27 kilos de cocaína no se mueven solos, y un taxi rosarino no se convierte en transporte narco de un día para el otro.
La causa sigue abierta. Ezequiel M. tiene 60 días de preventiva por delante, y la Fiscalía Federal de Rosario continúa investigando los vínculos de esta red. El iPhone que nadie quería que sonara ya está en manos de la Justicia.

Comentarios (14)
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"iPhone" le decían. Qué creativos. Mientras tanto en Rosario seguimos conviviendo con esto todos los días. Ojalá que esta vez la causa no se caiga sola como tantas otras.
27 kilos en un taxi. UN TAXI. Y el tipo manejaba por la ruta como si nada. Cuántos habrán pasado antes sin que los paren?
Hay que reconocer el trabajo de la Fiscalía Federal acá. Siguieron investigando después del primer detenido, no se quedaron con el taxista y listo. Eso es lo que tiene que pasar siempre.
Igual 60 días de preventiva me parece poco para alguien que organizó el transporte de 27 kilos. Después sale y sigue.
Diego, la preventiva es mientras se instruye la causa, no es la condena final. Si lo encuentran culpable la pena es mucho mayor. No mezclemos las cosas.
Zangi se llama la app que usaban. Primera vez que escucho eso. Estos tipos están siempre un paso adelante en tecnología.
Lo de la app Zangi no es nuevo, hace rato que las bandas usan aplicaciones encriptadas. Lo que sorprende es que los fiscales lograron igual cruzar toda la información. Buen trabajo de inteligencia.
el chabon se lamenta en un audio por haber perdido el cargamento jajaja literalmente se autoincriminó. genio.
Me pregunto cuántas personas más están involucradas y todavía no cayeron. Esto no lo arma una sola persona.
Cochabamba al 1000 es zona residencial tranquila. Que operen desde ahí muestra que se meten en cualquier barrio. No hay lugar que esté afuera de esto.
Muy bien la nota pero me gustaría saber qué pasó con el tercer imputado, ese Cristian D.M. que mencionan. Parece que hay más hilo para tirar.
Lo que más me impacta es el nivel de organización. Aplicaciones cifradas, códigos para la droga, rutas planificadas. Esto no es un delincuente suelto, es una estructura.
Y mientras tanto hay gente que cae presa por una fruta en el bolsillo. La justicia es muy selectiva con quién investiga en serio y quién no.
Negro, acá la Fiscalía Federal sí investigó en serio. No mezclemos. El problema es cuando no lo hacen, no cuando sí.