Son números que duelen. Según un informe del Frente de Sindicatos Unidos (FreSU-Federal), un trabajador argentino necesitó en junio de 2026 un Salario Mínimo Vital y Móvil de $3.000.352 para poder cubrir las nueve necesidades vitales que garantizan tanto la Constitución Nacional como la Ley de Contrato de Trabajo. La realidad, sin embargo, está muy lejos de ese número.
El actual salario mínimo representa apenas una octava parte de lo que se necesita para vivir con lo básico. No para vivir bien. Para vivir, a secas. Y lo que es peor: según el mismo relevamiento, estamos ante el salario mínimo más bajo de la historia argentina en términos reales. Una marca que nadie quería batir.
¿Cuánto tiempo más se puede sostener esta situación? La pregunta no es retórica. Es la que se hacen miles de familias rosarinas que llegan a fin de mes raspando el fondo de la olla, cuando llegan. En una ciudad donde el costo de vida no para de trepar, el desfasaje entre lo que se cobra y lo que se necesita se convierte en una grieta que se agranda semana a semana.
Las nueve necesidades vitales que toma como referencia el FreSU-Federal no son caprichos sindicales: están consagradas en el texto constitucional y en la legislación laboral. Incluyen alimentación, vivienda, vestimenta, educación, salud, transporte, esparcimiento y otras coberturas básicas. Que un salario mínimo cubra apenas una fracción de eso no es un problema técnico. Es una decisión política.
El dato llega en un contexto donde el gobierno nacional viene sosteniendo una política de ajuste fiscal que comprimió fuertemente los ingresos de los sectores más vulnerables. Los aumentos del salario mínimo acordados en el Consejo del Salario quedaron sistemáticamente por debajo de la inflación acumulada, erosionando el poder adquisitivo de los trabajadores informales y de aquellos que cobran el mínimo como referencia para sus convenios.
Desde las centrales sindicales advierten que la situación no es solo un problema de los trabajadores no registrados. El salario mínimo funciona como piso de referencia para una enorme cantidad de acuerdos paritarios, especialmente en sectores con menor poder de negociación. Cuando ese piso se hunde, arrastra a muchos con él.
En Rosario, donde la informalidad laboral ronda históricamente entre el 35 y el 40 por ciento de la fuerza de trabajo según datos del INDEC, el impacto es directo y cotidiano. Son cientos de miles de personas que no tienen paritaria que los defienda, que cobran lo que el mercado —o el Estado— fija como mínimo, y que hoy se encuentran con que ese mínimo no alcanza ni de cerca para lo que la propia ley dice que debería alcanzar.
Hay algo profundamente contradictorio en un sistema que por un lado consagra derechos en la Constitución y por otro fija un salario que hace imposible ejercerlos. No es una paradoja nueva en Argentina, pero en este momento la brecha entre el texto y la realidad alcanzó una dimensión que resulta difícil de ignorar.
El informe del FreSU-Federal es un llamado de atención que el próximo Consejo del Salario no debería poder esquivar. La pregunta es si habrá voluntad política de escucharlo.

Comentarios (13)
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Ocho veces más. OCHO. Y hay gente que todavía defiende este modelo diciendo que 'el ajuste era necesario'. Necesario para quién, me pregunto yo.
El ajuste era necesario para bajar la inflación que nos destruyó durante años. Nadie dijo que iba a ser gratis. El problema es que hay que aguantar la transición.
¿'Aguantar la transición'? Decíselo a la señora que trabaja de empleada doméstica y cobra el mínimo. Ella no está en transición, está en supervivencia.
Lo que me parece una vergüenza es que esto esté en la Constitución y nadie lo cumpla. Si una empresa no paga lo que dice el contrato, la demandan. Al Estado no le pasa nada.
Dato importante que falta en la nota: ¿cuántos trabajadores cobran exactamente el mínimo? Porque si son pocos, el impacto real es menor al que se presenta. No digo que esté bien, digo que hay que ver el número completo.
Marcos, aunque no cobren exactamente el mínimo, ese número arrastra a todos los convenios chicos hacia abajo. Mi marido trabaja en un taller y cada vez que actualizan el mínimo, eso define cuánto le aumentan a él también.
Tres millones de pesos. Eso es lo que necesitás para vivir básico. Y hay pibes que laburan todo el mes y no llegan ni a la mitad. Esto es una locura.
Trabajo en el sector salud y te puedo decir que hay auxiliares que cobran menos de $500.000. La diferencia con los $3 millones que dice el informe es tan grande que da vértigo.
Y mientras tanto en el Consejo del Salario se reúnen, toman café, dan una conferencia de prensa y listo. El año que viene igual.
Hay que ser justo: el problema del salario mínimo bajo viene de gobiernos anteriores también. No es solo de ahora. Pero sí, en este momento la brecha es la más grande de la historia y eso no se puede negar.
Hernán, sí, viene de antes, pero 'viene de antes' no es una solución. Es una excusa. En algún momento alguien tiene que hacerse cargo.
Lo que más me duele es que la Constitución lo dice clarito y nadie lo cumple. Somos el país de las leyes que no se aplican.
Yo trabajo en una ONG en el oeste de Rosario y le puedo asegurar que las familias que atendemos no llegan a cubrir ni la mitad de esas nueve necesidades. Esto no es un número en un papel, es la vida real de miles de personas.