El término comercio se convirtió en una de las búsquedas más frecuentes en Google Argentina en las últimas horas, reflejando la atención que millones de ciudadanos prestan a la situación económica del país. En Rosario, la tercera ciudad más grande de la Argentina, el pulso del comercio local funciona como un termómetro fiel de lo que ocurre a nivel nacional.
Desde que el gobierno de Javier Milei inició su programa de ajuste y desregulación, el sector comercial atraviesa una etapa de transición compleja. La baja de la inflación mensual, que venía siendo uno de los principales flagelos para los comerciantes, comienza a generar cierta estabilidad en los precios, aunque el consumo todavía no termina de recuperarse con la velocidad que muchos esperaban.
En el microcentro rosarino y en los barrios, los comerciantes de rubro textil, gastronómico y de electrodomésticos reportan una situación mixta: por un lado, la reducción de la presión inflacionaria les permite planificar mejor sus compras y márgenes; por el otro, el poder adquisitivo de los consumidores aún no alcanzó los niveles previos a la crisis. La ecuación es delicada y muchos negocios siguen ajustando sus estrategias día a día.
Un punto clave en el debate actual es la carga impositiva que soporta el sector. Desde cámaras empresariales y asociaciones de pequeños comerciantes se insiste en que la presión tributaria —nacional, provincial y municipal— sigue siendo uno de los principales obstáculos para la competitividad. En este sentido, las políticas de desregulación y simplificación administrativa que impulsa el gobierno nacional son vistas con expectativa por buena parte del sector privado rosarino.
La apertura de importaciones es otro factor que genera debate. Mientras algunos comerciantes temen la competencia de productos extranjeros más baratos, otros ven en la apertura una oportunidad para acceder a insumos y mercadería de mejor calidad a menor costo, lo que podría redundar en mejores precios para el consumidor final. El libre mercado, en definitiva, pone a prueba la eficiencia de cada negocio.
En Santa Fe, la actividad comercial también está condicionada por la situación del campo y la agroindustria, sectores que traccionan gran parte de la economía regional. Una mejora en los ingresos del sector agropecuario suele traducirse, con cierto rezago, en mayor consumo en los comercios de la ciudad. Los próximos meses serán determinantes para saber si esa cadena de transmisión vuelve a activarse con fuerza.
Lo cierto es que el comercio argentino está en el centro de la escena económica, y Rosario no es la excepción. La estabilidad macroeconómica que promete el programa oficial es la condición necesaria —aunque no suficiente— para que los negocios vuelvan a crecer con bases sólidas.
Comentarios (4)
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Por fin alguien habla claro. La carga impositiva que tenemos los comerciantes es una locura. Esperemos que el gobierno de verdad avance con la baja de impuestos porque sino no hay forma de sobrevivir.
Tengo un negocio de ropa en el Mercado del Patio y la verdad es que el consumo sigue flojo. La gente mira pero no compra como antes. Ojalá se reactive pronto.
La apertura importadora me preocupa. ¿Cómo voy a competir yo con productos chinos si encima tengo que pagar alquiler, empleados y todos los impuestos? Alguien tiene que defender al comercio nacional.
Yo creo que la competencia hace bien. Si entran productos más baratos, el que gana es el consumidor. Los que no se adapten van a tener que mejorar su propuesta. Así funciona el mercado.