Lo que pasó en Murphy este sábado no se borra fácil. Un hombre de 61 años llegó hasta el lugar de trabajo de su expareja, sacó una escopeta y le disparó. Después, se quitó la vida.
Según informó La Capital, el episodio de extrema violencia sacudió a esta localidad santafesina ubicada a 150 kilómetros de Rosario, donde todos se conocen y donde una tragedia así marca a fuego a toda la comunidad.
¿Cuántas veces más vamos a tener que escribir la misma historia? Un tipo que no acepta el no, que persigue, que amenaza, que finalmente mata. La violencia de género no entiende de edades, de pueblos chicos ni de horarios laborales.
El femicida eligió el lugar de trabajo de su víctima para consumar su venganza. Un espacio que debería ser seguro, donde ella intentaba rehacer su vida lejos de él. Pero la obsesión no conoce límites ni respeta espacios.
Murphy, con sus 3.500 habitantes, despertó este domingo con el dolor de saber que la violencia machista también llegó hasta sus calles tranquilas. Los vecinos todavía procesaban lo ocurrido mientras las autoridades trabajaban en el lugar del hecho.
La escopeta que usó el agresor habla de una premeditación escalofriante. No fue un arrebato, fue una decisión calculada de quien ya había perdido todo control. Y cuando terminó con la vida de ella, decidió terminar con la suya.
Este caso se suma a la triste estadística de femicidios que azota a Santa Fe y al país. Cada vez que pensamos que tocamos fondo, aparece una nueva tragedia que nos recuerda que el problema está lejos de solucionarse.
Murphy llora a una mujer más que no pudo escapar de la violencia. Y nosotros seguimos preguntándonos cuándo va a parar esta locura que se cobra vidas todos los días en Argentina.

Comentarios (11)
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Otra mujer que no pudo salvarse. ¿Cuándo vamos a entender que hay que denunciar antes de que sea tarde? Mi corazón con la familia.
¿De qué sirve denunciar si después no los detienen? El sistema judicial es una vergüenza, siempre llegan tarde.
Tenés razón, pero igual hay que denunciar. Al menos queda registro y a veces se puede prevenir. No podemos quedarnos calladas.
En los pueblos chicos estas cosas impactan el doble. Todo el mundo se conoce, es terrible lo que pasó en Murphy.
61 años el tipo. A esa edad ya no cambiás más, era un violento de toda la vida seguro. Pobre mujer.
Yo soy de acá y conocía a los dos. Ella era muy buena persona, trabajadora. Él siempre fue medio raro pero nunca pensamos que llegaría a esto.
¿Medio raro? Los violentos no son raros, son violentos. Hay que llamar las cosas por su nombre y no minimizar las señales.
La violencia de género no para nunca. Cada día una nueva tragedia. ¿Qué tiene que pasar para que esto cambie de una vez?
Fue al trabajo de ella. La persiguió hasta ahí. Eso habla de un nivel de obsesión enfermizo. Seguro la venía amenazando hace tiempo.
En Murphy todos nos conocemos, esto nos marcó a todos. Vamos a acompañar a la familia en lo que necesiten. Descanse en paz.
Una escopeta... eso no es casualidad. El tipo fue preparado para matarla. Premeditación pura. Ojalá pudiera pudrirse en la cárcel pero se escapó como un cobarde.