"¿Seño, se puede repetir?". La pregunta que se escucha a diario en el comedor de la Escuela Nº 109 Juan Chassaing del distrito oeste resume una realidad que duele: las escuelas rosarinas se convirtieron en el último refugio alimentario para miles de chicos.
En esta primaria, las largas mesas blancas no descansan. Organizan cuatro turnos de comida: a las 11, 11.20, 11.35 para los alumnos de la mañana, y a las 12.40 para los de la tarde. Una logística que habla de una demanda que no para de crecer.
El panorama se repite en decenas de escuelas de los barrios más vulnerables de Rosario. Lo que empezó como un complemento educativo se transformó en un servicio esencial para familias que no llegan a fin de mes. Los directivos lo saben: para muchos chicos, el plato de la escuela es la comida más importante del día.
"La situación es cada vez más compleja", reconocen desde el sector educativo. Las instituciones no solo deben garantizar la educación, sino también cubrir necesidades básicas que el Estado y las familias no pueden sostener. Es una sobrecarga que pone en evidencia la profundidad de la crisis social.
En los barrios del oeste, sur y noroeste de la ciudad, esta realidad se vive a diario. Las escuelas organizan sus recursos, gestionan donaciones y coordinan con organizaciones sociales para que ningún chico se quede sin comer. Una tarea que va mucho más allá de lo pedagógico.
El comedor escolar dejó de ser un espacio complementario para convertirse en una red de contención social indispensable. Mientras los números de la pobreza infantil siguen subiendo, las escuelas rosarinas sostienen lo que pueden con los recursos que tienen. Pero la pregunta sigue resonando: ¿hasta cuándo podrán cargar con esta responsabilidad?

Comentarios (10)
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Trabajo en una escuela del sur y es tal cual. Los chicos llegan en ayunas y esperan la comida como si fuera lo más importante del día. Nos parte el alma.
Y después se quejan de que los maestros no enseñan. ¿Cómo vas a enseñar si tenés que hacer de cocinero, psicólogo y asistente social?
Es verdad Carlos, pero tampoco podemos dejar que los chicos pasen hambre. Hacemos lo que podemos con amor, aunque nos supere.
Mi nieta va a esa escuela y siempre dice que la comida está rica. Por lo menos ahí come bien, en casa a veces no alcanza.
Esto es lo que pasa cuando el Estado abandona. Las escuelas haciendo de todo menos educar. Un desastre.
Tano tenés razón, pero mientras tanto los pibes necesitan comer. No es culpa de las maestras.
Por suerte existen estas escuelas. Sin ellas, muchos chicos no comerían nada caliente en todo el día.
Yo colaboro con donaciones en una escuela del oeste. La necesidad que hay es tremenda, pero la vocación de los docentes también.
En mi barrio la escuela es lo único que funciona bien. Comedor, apoyo escolar, hasta copa de leche dan. Son unos genios.
Y pensar que algunos políticos dicen que hay que recortar en educación. Manga de hdp, no ven la realidad.