Valen y Lana, dos de las mujeres trans agredidas en los bosques de Palermo, contaron que el grupo de atacantes fue mucho mayor al que se conoció: afirmaron que fueron 200 personas, no 50.
Según su relato, la mayoría de los agresores eran menores y llegaron en bicicletas. Valen describió la escena: “Soy la más golpeada, porque estoy tapada. Tenemos muchas compañeras a las que les han roto la cabeza.”
El ataque ocurrió en la madrugada del domingo, después de una bicicleteada nocturna convocada para el 31 de octubre. Un grupo ajeno a la convocatoria desvió a parte de los participantes hacia los bosques palermitanos, donde se registró la agresión en videos que se viralizaron.
Lana añadió que el video mostraba poca gente, pero que eran mucho más: “Todo lo cubrían las bicicletas, las chicas tenían que correrse al costado”. También denunció falta de protección por parte de las policías de la Ciudad y de la Provincia de Buenos Aires.
La Unidad de Flagrancia Norte del Ministerio Público Fiscal porteño inició una causa judicial. María Rachid, titular del Instituto contra la Discriminación de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad, explicó que por lo menos hay 6 compañeras lesionadas y una bastante grave, aunque no corre peligro de vida.
El Observatorio Nacional de Crímenes de Odio LGBT+ indicó que este tipo de crímenes viene en aumento desde 2021 y que 2025 registró la cifra más alta. Según datos provisorios, en lo que va de 2026 ya se registraron 263: un crimen de odio cada 28 horas.
Tras los hechos, dirigentes de distintos partidos señalaron la responsabilidad de los discursos de odio en el clima de hostilidad. Jorge Macri, jefe de Gobierno porteño, aseguró que los ministros de Justicia y de Seguridad ya están avanzando con la investigación y que “no van a permitir que estos delitos queden impunes”.
Con información de: Infobae, Chequeado.
Comentarios (3)
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Me duele que las chicas que trabajan en la calle sigan sin protección. La denuncia tiene que llegar a fondo.
Es importante que la causa avance y que se identifique a todos los agresores.
Los discursos de odio no pueden seguir normalizando la violencia.