Hay nombres que no necesitan presentación. Novak Djokovic es uno de ellos. El serbio volvió a meterse en la conversación de todos los argentinos y, como siempre que aparece en escena, la pregunta que flota en el aire es la misma: ¿estamos ante el más grande de todos los tiempos?
En Rosario, ciudad que respira deporte y que tiene una tradición tennística que pocos reconocen pero muchos viven, el nombre de Djokovic genera reacciones encontradas. Están los que lo admiran con una devoción casi religiosa, los que prefieren a Federer con la misma intensidad, y los que —seamos honestos— nunca terminaron de perdonarle el episodio del Australian Open 2022, cuando su situación con la vacuna contra el COVID lo convirtió en el centro de una tormenta política y mediática que dio la vuelta al mundo.
Pero más allá de las polémicas extratennísticas, lo que no se puede negar es lo que hace este hombre adentro de una cancha. Más de 24 Grand Slams, semanas como número uno del mundo que superan cualquier récord histórico, y una capacidad para reinventarse que desafía la lógica del deporte de alto rendimiento. Djokovic no envejece: muta.
¿Cuántos deportistas en la historia del deporte mundial pueden decir que siguen siendo protagonistas a esta altura de su carrera, compitiendo de igual a igual con pibes que podrían ser sus hijos? Muy pocos. Y eso, aunque duela reconocerlo para los fanáticos de Rafa Nadal o de Roger Federer, es parte del legado que Nole está construyendo partido a partido.
En los clubes de tenis de Rosario —desde los más humildes del oeste hasta los más tradicionales del centro— la figura de Djokovic aparece en las charlas de vestuario, en los debates entre entrenadores, en las conversaciones de padres que llevan a sus hijos a aprender los primeros golpes. Porque más allá del debate del GOAT, Djokovic inspira: su historia de un pibe de Belgrado que creció en medio de una guerra y se convirtió en el mejor del mundo es, en sí misma, una película.
El tema es tendencia nacional en Argentina con cientos de miles de búsquedas, lo que demuestra que el interés por el tenis de élite no decae, y que cada vez que Djokovic aparece en escena —sea ganando, perdiendo o generando polémica— la gente quiere saber más.
Lo que está claro es esto: cuando Djokovic finalmente cuelgue la raqueta, vamos a extrañar tener a alguien así para discutir. Y en Rosario, como en todo el país, esa discusión es parte del placer.
Comentarios (4)
Deja tu comentario
Para mí es el mejor de la historia, punto. Los números no mienten. Federer era más elegante, Nadal más guerrero, pero Nole los superó a los dos.
Juega increíble pero lo del Australian Open 2022 no lo olvido. Hay cosas que van más allá del deporte.
En mi club acá en Rosario todos los pibes quieren imitar su revés. Guste o no, es un referente total para los que empiezan.
Buen artículo, aunque yo sigo siendo de Federer. Hay cosas que los números no miden, como la belleza de jugar al tenis.