Una proyección cinematográfica en la Facultad de Humanidades y Artes de la UNR derivó en una crisis institucional que escaló hasta la Casa Rosada. El documental «La Gran Palestina», exhibido el 1° de julio en el aula 303 C, encendió una polémica que involucró al propio presidente Javier Milei, al Ministerio de Capital Humano y al gremio docente universitario Coad, y que terminó con el rector de la casa de estudios pidiendo disculpas públicas y ordenando una investigación interna.
El film en cuestión es una producción de 2025 del cineasta mexicano Rafael Rangel, realizada en colaboración con el Movimiento de Resistencia Islámica. Narra la guerra en Gaza desde la perspectiva palestina. La jornada incluyó además el análisis de la licenciada en filosofía Silvana Rabinovich y del profesor de Historia de la Filosofía Contemporánea Federico Donner, ambos vinculados a la UNR.
La reacción del gobierno nacional no tardó. El subsecretario de Políticas Universitarias, Alejandro Álvarez, envió una carta al rector Franco Bartolacci exigiendo «las medidas administrativas necesarias a fin de evitar que se repita este repudiable accionar» y que se aplicaran «las sanciones que correspondan». El texto fue amplificado por la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, y luego el propio Milei intervino en redes sociales: «La UNR y Propaganda Terrorista. Esperemos que Bartolacci nos brinde una explicación para semejante aberración en una Universidad Pública, salvo que él avale que la UNR es para fomentar el terrorismo», escribió el mandatario.
Bartolacci respondió en menos de 24 horas. En una carta dirigida a Álvarez —que también difundió Pettovello— el rector aclaró que la proyección «no contaba con autorización o aval institucional alguno por parte de la UNR» y extendió disculpas a la comunidad judía argentina, con la que afirmó haberse comunicado directamente. El funcionario, que también preside el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), instruyó al área jurídica de la universidad a «iniciar acciones que permitan determinar las responsabilidades del caso» y notificó a la Facultad de Humanidades para que eventos similares «no vuelvan a suceder».
Sin embargo, Bartolacci también marcó un límite conceptual: «La universidad es cuna de la diversidad de opiniones, de la circulación de ideas y del respeto a la expresión libre de su comunidad, pero no puede convalidar el accionar de organizaciones absolutamente contrario a los principios y valores que defendemos». Y cerró reafirmando que «la UNR pregona y actúa en defensa irrestricta de la igualdad, la libertad, la democracia y la paz en el mundo».
La respuesta del gremio docente fue contundente. La Asociación de Docentes e Investigadores de la UNR (Coad) calificó de «inadmisibles las maniobras de amedrentamiento» impulsadas tanto por Milei como por el subsecretario Álvarez, y advirtió que no tolerará lo que denominó una «policía del pensamiento» dentro de la universidad pública. La postura del gremio abre un nuevo frente de tensión: mientras el rector intentó descomprimir la situación con disculpas y medidas administrativas, los docentes organizados rechazan de plano cualquier injerencia del Ejecutivo nacional en la vida académica.
El episodio reaviva un debate de fondo sobre los límites de la autonomía universitaria, la libertad de expresión en los claustros y el rol del Estado nacional frente a contenidos que considera problemáticos. La UNR, con más de 80.000 estudiantes y una larga tradición de activismo político, vuelve a estar en el centro de una disputa que excede ampliamente las paredes de Humanidades y Artes. Lo que comenzó como una proyección en un aula terminó convertido en un caso testigo sobre hasta dónde llega —o debería llegar— la presión del poder político sobre la academia.

Comentarios (15)
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Que Milei se meta en lo que pasa en un aula de la UNR me parece un exceso gravísimo. La autonomía universitaria existe precisamente para que el poder político no decida qué se puede ver o debatir en una facultad. Hoy es un documental, mañana ¿qué?
Che, pero el documental lo hizo el Movimiento de Resistencia Islámica, que es Hamas. No es lo mismo que ver una peli de Netflix. Hay un límite.
El límite lo tiene que poner la propia universidad con sus mecanismos internos, no el presidente tuiteando a las 2 de la mañana. Eso es lo que estoy diciendo.
Bartolacci hizo bien en pedir disculpas. La UNR no puede prestarle el nombre a cualquier cosa y después lavarse las manos. Si no tenía aval institucional, ¿cómo se usó un aula? Alguien la habilitó.
Docente de la facultad acá. Lo que no se dice es que los espacios se reservan con formularios que firma cualquier estudiante o docente. No es que 'la UNR' organizó esto. Fue un grupo que usó un aula. La diferencia importa.
El Coad tiene razón en una cosa: si el gobierno empieza a decidir qué documentales se pueden ver en las universidades, estamos en un problema serio. Eso no es libertad, es lo contrario.
¿Y la comunidad judía de Rosario? Nadie les pregunta cómo se sienten cuando en una universidad pública se proyecta propaganda de Hamas. Eso también importa.
Bartolacci quedó en el medio de los dos fuegos y la verdad que no le envidio la posición. Tuvo que ceder ante Milei pero tampoco podía ignorar lo que pasó. Veremos qué pasa con la investigación.
La autonomía universitaria no es impunidad. Si en un aula se hace propaganda de una organización terrorista, el Estado tiene todo el derecho de pedir explicaciones. No me parece mal lo que hizo el gobierno.
Totalmente de acuerdo con el Coad. Que Milei tuitee mencionando al rector por nombre es una forma de presión política directa sobre una institución autónoma. Eso tiene nombre: amedrentamiento.
Amedrentamiento es una palabra muy grande para un tuit. El rector le debe explicaciones a la sociedad que financia esa universidad con sus impuestos. ¿O eso tampoco se puede decir?
Lo que me llama la atención es la velocidad con que Bartolacci respondió. Menos de 24 horas. Cuando le piden presupuesto a las universidades tardan meses, pero para esto fueron rapidísimos jaja.
Soy egresada de Humanidades. Me parece que el debate sobre Palestina y Gaza es legítimo y necesario en una universidad. Ahora bien, hacerlo con un documental producido por Hamas es una pésima elección que le da munición a quienes quieren cerrar ese debate.
Mientras tanto los estudiantes sin clases, sin presupuesto, con los comedores universitarios al límite... y la discusión es por un documental. Argentina es un país de locos.
Que quede claro: rechazar que Hamas use una universidad pública para hacer propaganda no es censura. Es sentido común. El Coad debería entender esa diferencia antes de hablar de 'policía del pensamiento'.