En el fútbol argentino, donde los directores técnicos duran en promedio menos de un año en sus cargos, hay una historia que llama la atención por su singularidad: un entrenador rosarino de 54 años lleva tres años consecutivos al frente del mismo equipo del ascenso, una marca que pocos pueden exhibir en cualquier categoría del fútbol nacional.
El caso es atípico desde sus comienzos. A diferencia de la mayoría de los técnicos que transitan el ascenso argentino, este entrenador nunca jugó en Primera División. Su carrera como futbolista fue breve y estuvo marcada por las lesiones, lo que lo llevó a colgar los botines antes de lo esperado y a volcarse de lleno a la conducción técnica.
Sin embargo, lejos de ser un obstáculo, esa trayectoria forjó un perfil diferente. Ya como director técnico, su etapa más resonante llegó en Rosario Central, donde acumuló experiencia en el fútbol de mayor exigencia de la ciudad. Ese paso por el Canalla le dio visibilidad y herramientas que luego trasladó al trabajo en el ascenso.
Lo que hace verdaderamente inusual su situación actual es la permanencia. En las categorías del ascenso argentino, la rotación de entrenadores es feroz: los resultados adversos, los cambios de dirigencia y las limitaciones presupuestarias suelen terminar con los ciclos en cuestión de meses. Sostener un proyecto durante tres años en el mismo club habla tanto de los resultados obtenidos como de la confianza que la institución deposita en su trabajo.
Este tipo de continuidad es valorada por los especialistas del fútbol formativo y del ascenso como uno de los factores clave para el desarrollo institucional. Los proyectos con estabilidad técnica suelen mostrar mejores resultados a mediano plazo, tanto en lo deportivo como en la formación de jugadores que luego pueden dar el salto a categorías superiores.
A los 54 años, este entrenador rosarino representa una figura que el fútbol argentino necesita pero pocas veces produce: la del técnico que elige construir en silencio, lejos de los reflectores de la máxima categoría, apostando a la paciencia y al trabajo sostenido como método. Una rareza, en definitiva, que merece ser contada.

Comentarios (13)
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Tres años en el mismo equipo del ascenso es una locura. En Argentina los técnicos duran menos que un gobierno municipal. Hay que reconocerle el mérito.
¿Y cuándo pasó por Central exactamente? Porque yo sigo al Canalla de cerca y no me acuerdo bien de este técnico. ¿Alguien tiene más datos?
Me parece bárbaro que se cuente este tipo de historias. El fútbol del ascenso tiene mucho sacrificio y poca prensa. Ojalá le vaya bien.
Nunca jugó en primera y llegó a dirigir en Central... eso ya es un mérito en sí mismo. No todos los grandes técnicos fueron grandes jugadores.
Che, pero tres años en el ascenso también puede significar que no lo llama nadie de arriba, ¿no? No sé si es un récord o una falta de oportunidades.
Eso es una mirada muy corta, Diego. Hay técnicos que eligen quedarse donde los valoran. No todo es escalar a Primera a cualquier costo.
Sí, puede ser. Pero en el fútbol argentino si no subís de categoría, tarde o temprano te olvidan. Ojalá me equivoque con este.
Qué lindo leer algo positivo del fútbol rosarino que no sea la violencia en las canchas o los escándalos. Gracias por la nota.
La nota está bien pero le falta el nombre del técnico y el equipo. ¿Por qué no lo dicen? Quedo con la intriga.
Exactamente lo mismo pienso yo, Roberto. Parece una nota de adelanto para generar click. Igual la historia es interesante.
En el ascenso hay historias increíbles que nunca se cuentan. Este tipo de notas hacen bien al periodismo deportivo local.
Y mientras tanto los pibes de las inferiores de los clubes chicos no tienen ni botines. Que lindo el récord, pero la realidad del fútbol del ascenso es muy dura.
Tenés razón en lo de las inferiores, pero una cosa no quita la otra. Se puede valorar la historia del técnico Y reclamar mejores condiciones para los pibes.