El término 'El Niño' se convirtió en una de las búsquedas más populares en Google Argentina en las últimas horas, y no es para menos: este fenómeno climático de escala global tiene consecuencias directas y muy concretas sobre la vida cotidiana de los santafesinos, desde las lluvias torrenciales hasta el precio de los alimentos en las góndolas rosarinas.
Para quienes no lo recuerdan, El Niño es un patrón climático que se produce cuando las temperaturas superficiales del océano Pacífico ecuatorial se elevan por encima de lo normal, alterando los vientos y los patrones de precipitación en gran parte del planeta. En el Cono Sur, y particularmente en la región del Litoral argentino, sus efectos suelen ser devastadores: lluvias por encima de la media, crecidas de ríos y arroyos, e inundaciones que afectan a miles de familias.
Santa Fe tiene una historia dolorosa con este fenómeno. Quien caminó los pasillos de la Legislatura provincial en los años posteriores a la inundación de 2003 sabe perfectamente de qué se habla. Aquella tragedia, que dejó a la ciudad capital bajo el agua y marcó para siempre la política santafesina, tuvo a El Niño como uno de sus factores climáticos determinantes. Desde entonces, la gestión del riesgo hídrico pasó a ser una prioridad —al menos en el discurso— de todos los gobiernos provinciales.
En Rosario, la situación no es diferente. La ciudad más poblada de la provincia convive con la amenaza permanente de las crecidas del Paraná, y cada vez que se anuncia un episodio de El Niño, los vecinos de los barrios costeros como La Tablada, Empalme Graneros o Bella Vista miran el cielo con preocupación. Las autoridades municipales y provinciales deben activar protocolos de alerta temprana y coordinar con Defensa Civil para minimizar el impacto sobre las familias más vulnerables.
Desde el punto de vista económico, el fenómeno también golpea fuerte en una provincia que es motor agroindustrial del país. El exceso de humedad puede arruinar cosechas, complicar la logística del agro y afectar la cadena de valor que mueve el puerto de Rosario, uno de los más importantes del mundo en exportación de granos. En años de El Niño pronunciado, los productores del norte y centro de Santa Fe suelen reportar pérdidas significativas por anegamiento de campos.
La gestión de Maximiliano Pullaro en la provincia tiene el desafío de actualizar y fortalecer los sistemas de alerta hídrica y las obras de infraestructura que permitan mitigar estos efectos. La obra pública en materia de drenaje urbano y defensa costera es una deuda histórica que el Estado provincial debe saldar, más allá de los vaivenes de la relación con Nación y los recortes en la coparticipación que tanto perjudican a Santa Fe.
En definitiva, El Niño no es solo un tema meteorológico: es política, es gestión, es presupuesto y, sobre todo, es la vida de miles de familias santafesinas que cada vez que llueve fuerte miran si el agua sube. Eso, acá, lo sabemos mejor que nadie.
Comentarios (4)
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Yo soy de La Tablada y cada vez que escucho 'El Niño' me agarro el corazón. En 2007 tuvimos agua hasta la rodilla en casa. Ojalá esta vez el municipio esté preparado de verdad.
Buen artículo Néstor. Lo que falta siempre es que la Nación libere los fondos para las obras hídricas. Pullaro puede querer, pero sin plata no hay defensa costera que alcance.
El puerto de Rosario mueve la economía del país y nadie habla de protegerlo seriamente ante estos fenómenos. Una sola crecida fuera de control y el daño es millonario para todos los argentinos.
Gracias por explicarlo con contexto local. En los medios nacionales siempre hablan de El Niño como si solo afectara a Buenos Aires. Santa Fe la sufre igual o peor.