Lo que empezó como una propuesta individual ahora se convierte en política de Estado. El proyecto de 'tolerancia cero' contra las picadas ilegales en Rosario, que impulsa la concejal Samanta Arias (LLA), dejó de ser una voz solitaria para transformarse en una iniciativa con consenso político transversal.
La movida no es casual. Después de años de carreras clandestinas que pusieron en jaque la tranquilidad de los barrios rosarinos, el Concejo Municipal parece haber encontrado la fórmula para atacar el problema de raíz. El proyecto propone un esquema integral que combina control, sanción y persecución penal, una receta que promete ir al hueso del asunto.
¿Qué cambió para que una propuesta que parecía destinada a los cajones tome este impulso? La respuesta está en los pasillos del Palacio Vasallo. El oficialismo no solo abrazó la iniciativa sino que la empuja con fuerza, mientras que distintos bloques aportan sus modificaciones y el propio Ejecutivo municipal suma su respaldo técnico.
El protocolo antipicadas no es solo una declaración de buenas intenciones. La propuesta de Arias apunta a crear un sistema de control permanente que incluya operativos sorpresa, sanciones económicas severas y, lo más importante, la persecución penal de los organizadores. Una estrategia que busca desarticular no solo las carreras sino toda la estructura que las sostiene.
La aceleración del tratamiento en comisión marca un punto de inflexión. Después de meses de debate interno, los concejales parecen haber entendido que las picadas ilegales no son solo un problema de tránsito sino una cuestión de seguridad pública que requiere respuestas contundentes.
El consenso político que rodea al proyecto refleja algo más profundo: la necesidad de dar respuestas concretas a un problema que desvela a los rosarinos. Las carreras clandestinas no solo ponen en riesgo vidas sino que generan un clima de inseguridad que trasciende el momento de la carrera.
Con el respaldo político asegurado, el protocolo antipicadas entra en su fase decisiva. La pregunta ya no es si se aprobará, sino cuándo comenzará a aplicarse en las calles de Rosario. Una ciudad que espera respuestas concretas a un problema que ya no admite medias tintas.

Comentarios (11)
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Era hora que alguien se ponga firme con estos locos de las picadas. Vivo en zona sur y no se puede dormir los fines de semana.
¿Y los controles de alcoholemia cuándo? Primero que controlen a los borrachos que manejan todos los días.
Una cosa no quita la otra, hermano. Las picadas son un peligro aparte, sobre todo para los pibes.
Perfecto, pero que no sea solo humo como siempre. Queremos ver patrulleros en la calle, no solo ordenanzas.
Samanta Arias la única que labura en serio en ese nido de ñoquis del Concejo. Ojalá prospere.
En mi barrio hacen picadas hasta las 4 de la mañana. Llamás a la policía y te dicen que no tienen móviles. Espero que esto cambie.
Está bien el proyecto pero ¿de dónde van a sacar la plata para más controles? El municipio está fundido.
Con las multas que cobren se paga solo el operativo. Los que corren picadas tienen plata de sobra.
Mientras tanto los narcos siguen matándose en las calles y estos se preocupan por las picadas. Prioridades...
Los dos problemas son graves. No es que tengamos que elegir uno solo. Bienvenidas todas las medidas de seguridad.
Por fin alguien escucha a los vecinos. Las picadas son un flagelo que no para de crecer en la ciudad.