La idea de convertir el túnel Arturo Illia en un Paseo de las Celebridades terminó encendiendo una polémica. El concejal Pablo Gavira había propuesto una intervención artística que incluía pintar los laterales con los colores de la bandera argentina y agregar un Sol de Mayo, además de modificar las 27 bocas laterales para homenajear a personalidades nacidas en Rosario. El punto más sensible fue el riesgo de borrar la identidad del corredor, tapando los característicos ladrillos vistos que le dan su carácter.
Frente a las críticas, el proyecto fue reformulado. La nueva versión ya no contempla la pintura ni la conversión de los nichos conocidos como guarda-hombres en una galería de retratos. Ahora, la propuesta se orienta a la limpieza de graffitis, la recuperación de sectores deteriorados y mejoras en la iluminación. El cambio de rumbo muestra que el debate no era menor: se trataba de una estructura con gran valor patrimonial y arquitectónico para la ciudad.
El arquitecto Pablo Mercado repasó la historia del paso bajo nivel y recordó que el túnel se proyectó en 1900 por el arquitecto inglés Herbert Boyd Walker, un personaje que se asentó en Rosario, se casó con una rosarina, formó familia y dejó una huella imborrable en el paisaje urbano. Según Mercado, el corredor tiene un valor patrimonial incalculable. Está en la costanera central, entre Sarmiento y avenida Arturo Illia, y conserva elementos de su origen ferroviario.
La construcción comenzó a proyectarse en el siglo XIX para conectar la zona de la estación Rosario Central con el área portuaria. Según la información repasada, el túnel comenzó a construirse entre 1886 y 1889 por el Ferrocarril Central Argentino y sirvió también como sede de los servicios ferroviarios de Rosario cuando se terminó de construir la estación Rosario Central. A lo largo de sus 400 metros de extensión, conserva elementos que reflejan su origen ferroviario.
Uno de los detalles que más llama la atención son las 27 bocas laterales, que formaban parte de la estructura ferroviaria original del siglo XIX. Eran conocidas como guarda-hombres: pequeñas cavidades o nichos empotrados en las paredes de ladrillo que permitían a los operarios del ferrocarril o a los peatones resguardarse del paso de los trenes de carga. Ese rasgo técnico explica por qué la intervención generó debate sobre memoria urbana y conservación patrimonial.
El recorrido del túnel también guarda capítulos menos formales. En 1968 se cerró y se utilizó como depósito de vagones y taller; posteriormente funcionó una disco llamada Tunelmanía. A fines de los años 80 pasó a ser propiedad de la Municipalidad de Rosario y se abrió nuevamente como parte de la Avenida Arturo Illia. Esa historia de usos superpuestos muestra por qué el corredor no es solo una infraestructura: es un espacio que la ciudad fue resignificando con el tiempo.
El legado de Herbert Boyd Walker no se limita al túnel. Mercado recordó que el arquitecto inglés proyectó la Asistencia Pública, las primeras etapas del Hotel Savoy, la Iglesia Metodista de Salta y Oroño, la capilla del Cementerio de Disidentes, la sede de Tribunales Federales y obras en Villa Hortensia. Según el profesional, se le atribuyen más de 40 viviendas particulares y diversos silos e instalaciones industriales en la región. El Concejo Municipal lo distinguió post mortem.
Con información de: El Ciudadano. Nota elaborada a partir de El Ciudadano.

Comentarios (10)
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Que hayan sacado la pintura es lo mejor. El ladrillo visto es lo que le da identidad al túnel.
Bueno, pero si solo limpian graffitis, en dos meses vuelve a estar igual.
Pero si no se limpia ni se ilumina, va a seguir siendo un lugar feo y con miedo.
Al menos no lo van a tapar con un Sol de Mayo. Eso sí era un desastre.
Lo de los guarda-hombres me pareció lo más interesante. No sabía que servían para resguardarse de los trenes.
Igual, si hacen un circuito de Boyd Walker, ahí sí se revaloriza la historia.
Cada vez que tocan el túnel termina en pelea. Ojalá la iluminación se haga rápido.
Es que es un lugar que todos usan y casi nadie conoce. Por eso se arma ruido.
Que no pinten el ladrillo visto es lo único que importaba. El resto se puede mejorar sin borrar historia.
Me interesa que pase a ser municipal y se use como parte de la Avenida Illia.