Los números duelen y no mienten: uno de cada cuatro estudiantes secundarios en Santa Fe falta a la escuela más de 20 días al año. Es el retrato de una crisis educativa que se profundiza año tras año, sin que las autoridades encuentren la vuelta para frenar la sangría.
Según informó La Capital, el ausentismo entre los pibes del secundario creció 7 puntos porcentuales en dos años a nivel país, un incremento que se observa sin excepción en las 24 provincias argentinas. Los propios estudiantes lo reconocen: el 21% falta entre 15 y 19 días al año; el 20% entre 20 y 29; y el 10%, 30 días o más.
¿Qué está pasando en nuestras aulas? La respuesta es compleja, pero los datos son contundentes. Estamos hablando de que 3 de cada 10 pibes tienen ausentismo crónico, una cifra que debería encender todas las alarmas en el Ministerio de Educación provincial.
El panorama se vuelve más preocupante cuando uno analiza las consecuencias. Un estudiante que falta más de 20 días al año pierde aproximadamente el 10% del ciclo lectivo. Es como si cursara solo 9 meses en lugar de 10. ¿Cómo pretendemos que estos chicos se gradúen con las herramientas necesarias para enfrentar el futuro?
Pero acá viene lo más grave: Argentina aún no cuenta con un sistema de información que permita hacer un seguimiento preciso y oportuno del problema a nivel nacional. Es decir, navegamos a ciegas en una tormenta educativa que cada vez se pone más brava.
En Rosario, donde las escuelas públicas luchan contra la falta de recursos y la violencia urbana, estos números cobran una dimensión dramática. Los directivos saben que detrás de cada ausencia hay una historia: pibes que trabajan para ayudar en casa, familias desintegradas, problemas de conectividad o simplemente la sensación de que "la escuela no sirve para nada".
La pregunta que nos hacemos es simple: ¿hasta cuándo vamos a permitir que se nos escape una generación entera? Porque mientras los funcionarios discuten en los escritorios, hay miles de pibes santafesinos que están perdiendo la oportunidad de cambiar su destino. Y eso, créanme, no tiene vuelta atrás.

Comentarios (11)
Deja tu comentario
Soy docente hace 20 años y puedo confirmar que esto es real. Los chicos llegan cada vez menos a clase, y cuando vienen están desconectados. Es muy triste la situación.
Y después se quejan de que los pibes no saben nada. Si no van a la escuela, ¿qué esperan? Los padres también tienen que poner de su parte.
No es tan simple como decir que los padres no se ocupan. Muchas familias están en situaciones muy complicadas, los chicos tienen que trabajar para comer.
Claro, siempre hay una excusa. Yo también era pobre y nunca falté a la escuela. Es cuestión de prioridades.
El problema es que las escuelas no están preparadas para contener a los pibes. Faltan psicólogos, trabajadores sociales, recursos básicos.
Mi hijo va a una escuela del centro y también hay mucho ausentismo. No es solo tema de plata, los chicos están desmotivados.
Mientras no haya consecuencias reales para las familias que no mandan a los chicos, esto va a seguir igual. Falta control.
¿Y qué control querés? ¿Mandar a la policía a buscar a los chicos? El problema es más profundo, hay que atacar las causas de raíz.
En mi época si faltabas mucho repetías el año. Ahora pasan igual, entonces ¿para qué van a ir? El sistema está roto.
Como madre de dos adolescentes, veo que muchas veces la escuela no los motiva. Los contenidos están desactualizados, los profesores desmotivados.
Acá en el barrio los pibes faltan porque tienen que laburar o cuidar hermanos menores. La realidad es cruda, no es vagancia.