El termómetro marcó bajo cero y Rosario mostró, una vez más, la cara más cruel de la desigualdad. La ola de frío que azotó la ciudad durante el fin de semana obligó al municipio a reforzar los operativos de asistencia para personas en situación de calle, pero lo que quedó expuesto va mucho más allá de una emergencia climática: según reconocen desde el propio gobierno local, la ciudad tiene hoy entre 900 y 1.000 personas viviendo o pasando gran parte del día en el espacio público.
La cifra, que incluye tanto a quienes pernoctan de manera permanente en la calle como a quienes recorren la ciudad buscando ingresos para subsistir, no cayó del cielo con las bajas temperaturas. Desde el municipio admiten que la problemática viene creciendo desde hace meses, lo que convierte a este invierno en el punto de mayor visibilidad de una crisis que se fue gestando en silencio durante todo el año.
Para ponerlo en perspectiva: Rosario, la tercera ciudad más poblada del país con más de un millón de habitantes, enfrenta un fenómeno que se repite en los grandes centros urbanos argentinos pero que aquí adquiere dimensiones preocupantes. El deterioro del poder adquisitivo, la pérdida de empleos informales, el colapso de redes familiares y la escasez de vivienda accesible son los factores estructurales que empujan a hombres, mujeres y cada vez más jóvenes hacia la intemperie.
El contexto nacional no es ajeno a esta realidad. El ajuste fiscal del gobierno de Javier Milei, que recortó transferencias a provincias y municipios y desfinanció programas sociales nacionales, dejó a las ciudades con menos herramientas para contener la caída. Los municipios quedaron solos frente a una demanda que crece, con presupuestos que no acompañan. Rosario no es la excepción.
Los operativos de asistencia que se desplegaron durante el fin de semana incluyeron recorridas nocturnas, entrega de abrigo, alimentos y derivación a paradores y centros de día. Sin embargo, quienes trabajan en el territorio saben que la capacidad instalada no alcanza para absorber una demanda de esta magnitud. Mil personas en la calle es una cifra que desborda cualquier respuesta puntual y exige políticas de fondo: acceso a la vivienda, trabajo genuino, salud mental, recuperación de adicciones.
La gestión del intendente Pablo Monteverde, que asumió con el compromiso de poner al vecino en el centro de las políticas públicas, tiene en este número un desafío concreto y urgente. Los paradores municipales, los equipos de calle y los programas de inclusión son herramientas necesarias, pero insuficientes si no van acompañadas de recursos nacionales y provinciales que hoy brillan por su ausencia.
Mientras tanto, el frío no espera. Y en cada esquina, en cada umbral, en cada plaza de Rosario, hay una persona que esta noche va a dormir sin techo. Eso no es una estadística: es una deuda que la sociedad tiene pendiente.

Comentarios (13)
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Esto es una vergüenza. Mil personas en la calle en pleno invierno y el gobierno nacional sigue hablando de superávit fiscal. ¿De qué sirve el superávit si la gente duerme bajo cero?
Y encima los recortes de Milei dejaron al municipio sin fondos para dar respuestas. Monteverde hereda un quilombo enorme pero al menos está en la calle asistiendo. Eso hay que reconocerlo.
Seamos honestos: esto no empezó con Milei. Hace 20 años que el peronismo gobierna esta provincia y la situación de calle siempre existió. No todo se puede cargar a la cuenta del gobierno nacional.
Sí, existió siempre, pero nunca llegamos a MIL personas. ¿Eso no te dice nada? El ajuste tiene un costo humano concreto y acá está.
Paso todos los días por el Parque Independencia y la cantidad de gente durmiendo ahí creció un montón en los últimos meses. No hace falta ningún estudio para verlo.
Mi parroquia lleva años con un comedor y este invierno la demanda se triplicó. Hay familias enteras, no solo hombres solos como antes. Eso es lo que más duele.
Habría que ver cuánto del presupuesto municipal se destina realmente a políticas de inclusión y cuánto se va en burocracia. Los números de la gestión Monteverde no son tan claros en ese sentido.
Bue, y los paradores municipales tienen capacidad para cuánta gente? Porque si hay 1000 en la calle y los paradores tienen 200 lugares, el problema está clarísimo.
Lo que más me preocupa es que entre esas mil personas hay muchos jóvenes con problemas de adicciones que necesitan tratamiento, no solo un plato de comida. ¿Hay presupuesto para eso?
Che, yo laburo en el área social del municipio y los equipos de calle están desbordados. La gente no sabe lo que es salir a las 2 de la mañana con -2 grados a buscar personas. Hay compromiso, pero faltan recursos.
Gracias a los trabajadores sociales y voluntarios que están en la calle cuando hace frío. Esos son los héroes anónimos de esta ciudad.
Mil personas. Mil. Que alguien me explique cómo es posible que en 2026 sigamos hablando de esto como si fuera normal.