El fentanilo volvió a estar en boca de todos. Miles de argentinos lo buscan en Google y la razón no es casualidad: este opioide sintético, hasta cien veces más potente que la morfina, está avanzando silenciosamente por América Latina y los especialistas advierten que Rosario no está blindada. Acá, donde el narcotráfico ya dejó cicatrices profundas en los barrios, la aparición de esta sustancia es una alarma que no podemos ignorar.
El fentanilo es una droga que se fabricó originalmente con fines médicos y anestésicos, pero que en su versión ilegal destruyó comunidades enteras en Estados Unidos. La llamada "crisis de los opioides" mató a decenas de miles de norteamericanos por año. Lo más peligroso es que una dosis mínima, del tamaño de unos pocos granos de sal, puede ser letal para un adulto. Y lo peor: muchas veces se mezcla con otras drogas sin que el consumidor lo sepa.
En Rosario, ciudad que conoce de sobra el dolor que deja el narcotráfico en los barrios populares, esta noticia no puede tomarse a la ligera. Los trabajadores de la salud, los médicos de los hospitales públicos, los enfermeros que atienden en los centros de salud de los barrios más vulnerables son los primeros que van a ver las consecuencias si esto explota. Y como siempre, el que paga los platos rotos es el laburante, el pibe del barrio, la familia que no tiene obra social.
Desde el movimiento sindical y los sectores populares rosarinos se viene reclamando hace años más inversión en salud pública y prevención. Pero con el ajuste que aplica el gobierno de Milei, los recursos para atender adicciones y salud mental están cada vez más recortados. Menos presupuesto para el SEDRONAR, menos centros de tratamiento, menos profesionales en los hospitales: esa es la realidad que enfrentan hoy los rosarinos mientras amenazas como el fentanilo tocan la puerta.
La gestión de Pablo Monteverde en Rosario viene trabajando en políticas de prevención y abordaje territorial, pero la lucha contra el narcotráfico y sus consecuencias requiere del Estado nacional presente, no ausente. No alcanza con el municipio solo. Se necesita coordinación, recursos federales y una política de drogas que ponga en el centro la salud del pueblo, no el negocio de unos pocos.
El fentanilo es una amenaza real. No es ciencia ficción ni algo que pasa solo en las series de Netflix. Es una droga que ya circula en México y Brasil, países vecinos en la ruta del narcotráfico. Rosario tiene que estar preparada. Los trabajadores de la salud tienen que tener los recursos, la capacitación y el apoyo del Estado para enfrentarlo. Porque cuando llegue —y ojalá no llegue— no va a avisar.
Comentarios (4)
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Esto me da mucho miedo como mamá. Tengo dos hijos adolescentes y en el barrio ya hay de todo. El Estado tiene que aparecer antes de que sea tarde, no después.
Y encima recortan el SEDRONAR. Explíquenme cómo se combate esto sin presupuesto. Una vergüenza el gobierno nacional.
Buen artículo Hugo, pero hay que ser justos: el problema del narcotráfico en Rosario viene de hace muchos años, de gestiones de todos los colores. No es solo culpa de Milei.
Trabajo en un centro de salud del oeste y ya estamos pidiendo capacitación para esto. Necesitamos naloxona disponible en todos los centros, ya. Es urgente.