El sábado 3 de octubre, Rosario volvió a vivir una nueva Marcha del Orgullo. La movilización partió desde la plaza Libertad, entre Pasco, Sarmiento, Ituzaingó y Mitre.
La jornada arrancó a las 17, con un recorrido que salió desde Mitre y Pasco y siguió por Mitre, avenida Pellegrini, Buenos Aires y Córdoba, hasta llegar al Parque Nacional a la Bandera.
El dato operativo no es menor: la Municipalidad de Rosario habilitó cortes y desvíos de tránsito para que la marcha avanzara con ordenamiento vehicular. A medida que el grupo se movía, los cortes se fueron levantando.
La Secretaría de Control y Convivencia municipal acompañó todo el trayecto. No fue un simple control: hubo presencia en el recorrido y ajustes en el tránsito conforme la movilización avanzaba por el centro.
¿Qué dice de una ciudad cuando una movilización puede recorrer su centro con planificación municipal? Que hay espacio público en juego. La marcha no fue un evento aislado: tuvo inicio, recorrido y cierre en un punto simbólico de Rosario.
El cierre también tuvo su lugar: la jornada terminó con un festival en la zona del Monumento, cerca de las 19. Ese final no fue un simple desalojo: fue una extensión de la marcha hacia la reunión y el espacio público.
La plaza Libertad como punto de partida y el Parque Nacional a la Bandera como destino no son casualidad: el recorrido atravesó el centro de Rosario por calles que forman parte de la vida cotidiana de la ciudad.
Con cortes progresivos, desvíos y acompañamiento municipal, la Marcha del Orgullo dejó una imagen clara: Rosario puede organizar una movilización sin perder el hilo de la convivencia urbana.
La convocatoria no se agotó en el recorrido: se extendió a la vida urbana de Rosario. Cada calle del recorrido implicó una reorganización del tránsito y una señal de que la ciudad puede habitar su espacio público con movilización.
El recorrido por Mitre, Pellegrini, Buenos Aires y Córdoba no fue un detalle menor: atravesó el corazón de la ciudad y obligó a pensar la marcha como un fenómeno que se mueve, se ordena y se cierra.
La Secretaría de Control y Convivencia no solo acompañó: ajustó los cortes de tránsito conforme avanzaba la movilización. Ese detalle operativo marca la diferencia entre una marcha que se improvisa y una que se gestiona.
El festival final en la zona del Monumento completó la jornada. No fue un apéndice: fue la última parada de una marcha que empezó en la plaza Libertad y terminó con reunión y presencia en el espacio público.
¿Qué queda de una Marcha del Orgullo? Queda la imagen de una Rosario que puede recorrer su centro con planificación, con desvíos y con un cierre que no se corta a mitad de camino.

Comentarios (10)
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Me gustó que el recorrido saliera desde plaza Libertad y terminara en el Monumento. Rosario se nota cuando hay organización.
Coincido con la idea del recorrido: atravesar el centro le da otra escala a la marcha.
Lo de los cortes que se iban levantando es clave. Si no, el centro se queda paralizado horas después de que la marcha ya pasó.
Yo viví el corte en Mitre y fue incómodo, pero entendible. Al menos no se extendió de más.
¿Y el desvío en Buenos Aires? Me parece que la gente no se enteró a tiempo y se metió contra el corte.
Yo pasé por Pellegrini y el tránsito se movió bien. No fue para tanto.
En Pellegrini se movía, pero faltaba más señalización en las esquinas.
El festival cerca de las 19 le dio un cierre distinto. No fue solo caminar y ya.
¿Alguien sabe si la Secretaría de Control y Convivencia va a publicar fotos o informes de cómo quedó el recorrido?
Bueno que se haya hecho con planificación municipal. Rosario necesita más eventos que se ordenen así, no improvisados.