Lo que se vio en el predio de Newell's Old Boys antes de la partida hacia Buenos Aires no fue la frialdad habitual de una concentración de pretemporada. Fue algo más íntimo, más humano. Franco Escobar, el defensor rosarino que vuelve a ponerse la camiseta rojinegra por segunda vez en su carrera, no pudo disimular lo que sentía.
Los ojos húmedos lo delataron. La voz se le quebró cuando intentó describir lo que significa este regreso al Parque Independencia. No era actuación ni pose para la cámara. Era un tipo que sabe lo que dejó, lo que vivió afuera, y lo que significa volver a casa cuando ya no todos te esperaban.
"Este nuevo regreso a Newell's es una revancha personal para mí", dijo Escobar con una franqueza que pocas veces se escucha en el fútbol profesional, donde los jugadores suelen hablar en piloto automático de "proyectos" y "objetivos grupales". Acá no. Acá hubo sinceridad de la buena, de la que incomoda un poco porque te obliga a pensar en lo que hay detrás de esas palabras.
Y detrás hay historia. Escobar es un producto genuino de las inferiores leprosas, uno de esos pibes del barrio que soñó con la camiseta a rayas desde chico. Su primera etapa en el club quedó inconclusa, como suele pasar en el fútbol argentino donde las necesidades económicas mandan más que los sentimientos. Después vino el camino afuera: clubes, ligas, experiencias que forjan pero también que duelen cuando uno mira hacia el sur y extraña.
Ahora, en este segundo regreso, el defensor llega con otra madurez, con otra mirada. Y con esa palabra que eligió con cuidado: revancha. No contra nadie en particular, sino contra las circunstancias, contra el tiempo, contra esa sensación de que algo quedó pendiente con la institución que más quiere.
El plantel de Newell's viajó a Buenos Aires para disputar una serie de amistosos de pretemporada, los partidos que sirven para afinar la maquinaria de cara a lo que viene. Pero para Escobar, cada entrenamiento, cada charla en el vestuario, cada vez que pisa el césped del Parque ya es mucho más que preparación. Es la oportunidad de cerrar una historia que él siente que todavía no terminó de escribirse.
¿Cuántos futbolistas tienen el privilegio y la valentía de llamarle revancha a un regreso? La mayoría lo envuelve en eufemismos. Escobar no. Y eso, en un mundo donde el marketing personal suele ganarle a la honestidad, dice bastante de quién es este tipo.
La Lepra arranca una nueva etapa con un defensor que no viene a cumplir un contrato. Viene a saldar una deuda con su propia historia. Y eso, para los hinchas que llenan el Parque domingo a domingo, vale más que cualquier cifra de transferencia.

Comentarios (12)
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Que vuelva con todo Franco. La Lepra necesita gente que la sienta de verdad, no mercenarios que vienen a cobrar el sueldo y se van al primer ofrecimiento.
Jajaja 'revancha personal'... che, si fuera tan bueno no se habría ido. Puro marketing esto.
Che cuervo_central, en el fútbol argentino los jugadores se van porque los clubes no pueden pagarles, no porque no sean buenos. Informate antes de opinar.
Y bueno, si el club no puede pagarte te vas y listo, no vengas con el cuento de la revancha años después. Eso lo hacen todos.
Me emocioné leyendo esto. Hay algo muy lindo en un jugador que vuelve a su club con esa honestidad. Ojalá le vaya bien.
Yo lo vi jugar en inferiores a este pibe. Siempre fue de la Lepra hasta los huesos. Que lo disfruten.
La nota está bien escrita pero me parece que se exagera un poco. Un jugador que vuelve a su club es algo bastante común en el fútbol argentino. No es para tanto.
Común o no, cuando lo dice con los ojos llorosos es porque lo siente. Eso no se finge. Vamos Franco!!
Ojalá que esta vez se quede más tiempo y no sea otro regreso de tres meses.
El fútbol argentino necesita más jugadores que hablen así, con el corazón en la mano. Cansado de los que dicen 'estoy muy contento de estar acá' y a los dos meses se van a otro club.
vamos lepraaaa!! escobar la rompe
Muy buena nota. Me parece importante destacar que estos jugadores formados en el club tienen un vínculo diferente. No es lo mismo que un refuerzo comprado. Eso se nota en la cancha y en el vestuario.