El Ministerio de Educación santafesino puso en marcha este año un programa de educación digital integral para enfrentar el ciberbullying que atraviesa a los adolescentes en edad escolar.
La medida llega en un momento en que el acoso ya no se limita al patio de la escuela, sino que se multiplica en el patio digital, donde los ataques pueden viralizarse con rapidez y desde el anonimato.
El coordinador del programa de Educación Digital santafesino, Lucas Raspall, resumió el cambio con una imagen directa: “En el patio escolar el acoso era detectado por una portera o una maestra. Ahora, en el patio digital los ataques se viralizan todo el tiempo desde el anonimato y con consecuencias terribles.”
Esa frase enciende la alarma porque, según Raspall, “En la mayoría de los casos de suicidios juveniles se han detectado previamente síntomas de ciberacoso”. No es una advertencia menor: pone sobre la mesa la dimensión psicológica del acoso en redes y la urgencia de contención.
La clave del programa está en su carácter integral: no se trata solo de sancionar, sino de contener y de dar respuesta ante situaciones que muchas veces se arrastran en silencio. El acoso digital no se queda en la pantalla: llega al aula, a la familia y a la salud del joven.
Ahí aparece la pregunta incómoda: ¿quién detecta hoy lo que antes veía una portera o una maestra? En el mundo digital, el acoso puede ocurrir a cualquier hora, desde las redes sociales, y multiplicarse antes de que un adulto pueda frenarlo.
El anonimato es uno de los factores que más endurecen el problema: el agresor se esconde, la víctima queda expuesta y el daño se viraliza sin que siempre haya un responsable visible. Por eso, la educación digital no puede ser un parche: tiene que llegar a tiempo.
En la provincia de Santa Fe, el tema ya no es una discusión de especialistas: es una realidad que atraviesa a adolescentes, docentes y familias. El programa busca que la escuela no quede afuera de ese patio digital donde hoy se juega gran parte de la vida social de los jóvenes.
La advertencia de Raspall sobre los suicidios juveniles obliga a tomar el tema con seriedad. No se trata de alarmar, sino de entender que el ciberacoso puede ser una señal temprana de un daño profundo. Detrás de cada ataque en redes, hay un joven que puede estar pidiendo ayuda sin saber cómo.
El desafío ahora es que el programa no quede en el papel. Para que funcione, la escuela necesita herramientas, formación y acompañamiento frente a un fenómeno que se viraliza todo el tiempo. La pregunta es si Santa Fe va a estar a la altura de lo que piden los adolescentes.
Si el patio digital se volvió el nuevo espacio de convivencia, la educación también tiene que entrar ahí. No para vigilar, sino para proteger, contener y enseñar a los jóvenes a no normalizar el acoso.
Con información de La Capital y de Lucas Raspall.

Comentarios (9)
Deja tu comentario
Por fin se habla de esto con seriedad. En el colegio lo ven todos los días y no siempre saben cómo actuar.
Mientras no se tomen medidas contra los padres que dejan a sus hijos sin control, esto va a seguir pasando.
No es solo de los padres. Las plataformas también tienen que hacerse cargo de lo que pasa en sus redes.
Claro, pero primero hay que que la escuela tenga herramientas reales. No alcanza con un programa en el papel.
Lo que más me preocupa es el anonimato. Un chabon puede destruir a un pibe sin que nadie lo vea.
Yo lo viví en la secundaria. Nadie te ayuda cuando te mandan cosas feas por el grupo.
Ojalá funcione. Mi hija me contó que en su grupo hay cosas que no se pueden decir en la escuela.
Buen dato el de los suicidios juveniles. Hay que tomarlo en serio, no como un tema de moda.