Una jornada de máxima tensión se vivió este lunes en Japón tras un potente terremoto de magnitud 7,7 que sacudió el norte del país y desató las alarmas sobre un posible evento sísmico aún más devastador en los próximos días.
El movimiento telúrico ocurrió a las 16:53 hora local frente a la costa del Pacífico, en la prefectura de Iwate. La magnitud inicial fue ajustándose durante el día hasta establecerse definitivamente en 7,7 grados, siendo percibido incluso en Tokio, donde los edificios se sacudieron pese a la distancia del epicentro.
Las consecuencias inmediatas incluyeron alertas de tsunami en múltiples zonas del noreste japonés. En el puerto de Kuji se registró una ola de 80 centímetros, lo que motivó evacuaciones masivas en áreas costeras e interrupciones temporales del servicio ferroviario. Aunque la alerta principal fue reducida con el paso de las horas, las autoridades mantuvieron las recomendaciones de precaución.
La situación se agravó cuando la Oficina del Gabinete y la Agencia Meteorológica de Japón emitieron una advertencia extraordinaria: la probabilidad de que ocurra un terremoto de magnitud 8 o superior en la próxima semana se elevó del nivel habitual de 0,1% a aproximadamente 1%.
Si bien no constituye una predicción exacta, esta comunicación oficial representa una señal de alarma para intensificar las medidas de preparación ante un posible megaterremoto, fenómeno capaz de provocar daños extensos y nuevos tsunamis devastadores.
El fantasma del terremoto y tsunami de 2011 planea sobre esta nueva crisis. Aquella tragedia, que dejó decenas de miles de víctimas y causó el desastre nuclear de Fukushima, marcó profundamente las políticas de prevención japonesas y explica la respuesta inmediata de las autoridades.
Hasta el momento, los primeros informes no registran daños de gran magnitud ni un número elevado de víctimas por el sismo de este lunes. Sin embargo, el mensaje oficial fue contundente: el riesgo no desaparece con el levantamiento de la alerta principal.
Las autoridades instaron a la población a mantenerse alerta, revisar los suministros de emergencia y seguir de cerca las actualizaciones sobre la actividad sísmica. La experiencia de 2011 enseñó que en Japón, la preparación puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.

Comentarios (12)
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Mi familia vive en Sendai desde hace años. Después de 2011 nunca más dormimos tranquilos cuando hay alertas así. Esperemos que no pase nada grave.
Es impresionante como los japoneses están preparados para estas cosas. Acá en Argentina con un temblor de 4 grados ya es caos total.
1% sigue siendo muy poco, pero cuando viviste 2011 entendés que hasta el 0,1% te da miedo. Ojalá no pase nada.
¿Y para qué sirve avisar si no se puede predecir exactamente? Solo genera más pánico en la gente.
Marcela, justamente sirve para que la gente se prepare mejor. En Japón eso salva vidas, no es pánico sino prevención.
Tengo un amigo trabajando en Tokio y me dice que allá ya están acostumbrados. Los edificios se mueven pero están diseñados para eso.
Pobre gente, vivir con esa amenaza constante debe ser horrible. Y pensar que nosotros nos quejamos por las inundaciones...
Mientras tanto acá no tenemos ni sistema de alerta para cuando llueve fuerte. Deberíamos aprender de los japoneses.
Mi hija estudió un intercambio en Japón y me contaba de los simulacros constantes. Es admirable como se organizan para estas emergencias.
7,7 es una barbaridad. Acá en Mendoza con uno de 6 se cae medio San Rafael y estos siguen trabajando normal.
¿Alguien sabe si esto puede afectar la economía mundial? Japón es muy importante industrialmente.
Tere, si pasa algo grande como en 2011 seguro afecta. Las automotrices japonesas pararon meses en esa época.