Lo que durante días mantuvo en vilo a vecinos de Colegiales y generó cientos de miles de interacciones en redes sociales terminó siendo, en realidad, una campaña de marketing cuidadosamente diseñada. "Piti", la supuesta boa de más de tres metros que habría escapado de una vivienda del barrio porteño, nunca existió.
La historia comenzó a circular con todos los ingredientes de una noticia viral: el nombre entrañable de la serpiente, la angustia de sus supuestos dueños, los carteles en el barrio y la advertencia a los vecinos para que extremaran precauciones. Redes sociales, portales de noticias y medios televisivos tomaron el caso y lo amplificaron sin mayores cuestionamientos, algo que hoy genera un debate legítimo sobre los mecanismos de verificación periodística.
El relato tenía todos los condimentos para capturar la atención masiva: una boa constrictor suelta en pleno barrio residencial de la Ciudad de Buenos Aires, el miedo genuino que genera una serpiente de ese tamaño en un entorno urbano, y la solidaridad vecinal que se activa ante situaciones insólitas. Esa combinación hizo que la historia se propagara a una velocidad inusual, incluso llegando a recomendaciones oficiales y cobertura en medios de alcance nacional.
Sin embargo, cuando se reveló que todo era una estrategia publicitaria, la reacción no tardó en llegar. Usuarios en redes sociales expresaron su malestar por haber sido engañados, mientras que comunicadores y especialistas en marketing digital abrieron el debate sobre los límites éticos de este tipo de campañas que utilizan el miedo o la preocupación colectiva como anzuelo.
Este tipo de acciones, conocidas en el mundo publicitario como "marketing de guerrilla" o campañas de "falsa noticia controlada", no son nuevas. Marcas y agencias han recurrido históricamente a estrategias que generan ruido mediático aprovechando la viralización espontánea. El problema surge cuando esa viralización se construye sobre una mentira que moviliza recursos reales —como la preocupación de vecinos o la atención de organismos públicos— sin ningún tipo de advertencia.
El caso de "Piti" deja varias preguntas abiertas: ¿hasta dónde puede llegar una campaña publicitaria antes de convertirse en desinformación? ¿Tienen responsabilidad los medios que replicaron la historia sin verificarla? ¿Y qué dice esto sobre nuestra relación con el contenido viral en un ecosistema de información saturado?
En un contexto donde la desinformación es uno de los principales problemas del periodismo contemporáneo, el caso de la boa inexistente de Colegiales funciona como un espejo incómodo. Muestra con qué facilidad una historia bien construida puede sortear los filtros editoriales y convertirse en "noticia" sin serlo. Y también recuerda que, en la era de las redes sociales, la velocidad muchas veces le gana a la verificación.
Con información de: La Capital

Comentarios (13)
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Me parece una falta de respeto total. Hay gente mayor en ese barrio que se quedó con miedo de salir a la calle por una serpiente que no existía. Eso no es marketing, es manipulación.
Hay que reconocer que fue brillante como campaña. Lograron que todos los medios del país hablaran de algo sin gastar un peso en pauta. Otra cosa es si fue ético o no.
¿Brillante? Rodrigo, ¿en serio? Brillante es hacer algo creativo sin mentirle a la gente. Esto fue directamente engaño masivo.
jajaja y los medios que la corrieron sin verificar nada? eso es lo que más me mata. todos cayeron como pavos
Lo de los medios es lo más preocupante. Si una historia de una boa suelta pasa sin verificación, qué no pasa con noticias más serias. Hay que exigir más rigor periodístico.
Y acá en Rosario también cayeron varios portales con la historia. Vergüenza ajena.
Trabajo en publicidad y te digo que en ninguna agencia seria se aprobaría esto. Hay límites. Usar el miedo de la gente para vender algo es cruzar una línea que no se debería cruzar.
Igual hay que ver qué vendían. Si era algo relacionado con mascotas exóticas o algo así, tiene cierta lógica creativa aunque sea cuestionable.
lógica creativa le llaman ahora a mentir? ok
Lo que me sorprende es que nadie en el barrio sospechó. Carteles, redes, todo armado y nadie preguntó si era real. Somos muy crédulos.
No es que seamos crédulos, es que cuando algo tiene forma de noticia real, uno confía. Para eso está el periodismo, para verificar. La responsabilidad no es solo del público.
igual admito que me reí cuando me enteré que era mentira. el nombre Piti para una boa de 3 metros ya era sospechoso jajaja
Esto debería tener algún tipo de consecuencia legal. Si movilizaron recursos del estado o de organismos públicos con una mentira, no puede quedar así.