Lo que para miles de rosarinos fue el lugar donde compraron su primer libro de la facultad, donde sus abuelos eligieron manuales técnicos y donde más de una generación aprendió que los libros se huelen antes de leerse, cerró para siempre. La Librería Técnica de peatonal Córdoba al 900 anunció esta semana su cierre definitivo después de 55 años de historia ininterrumpida en el corazón de Rosario.
La librería fue fundada en la década de 1970 por Antonio Binetti, un hombre que convirtió un local en una institución. Tras su fallecimiento, el negocio quedó en manos de su esposa, María Elena Rendón, y luego pasó a sus hijas, Mariel y Alejandra, quienes sostuvieron el proyecto hasta que la ecuación dejó de cerrar. En su mejor momento, la librería llegó a tener 14 empleados y tres sucursales. Hoy cierra con una publicación en redes que hizo llorar a media ciudad.
¿Qué mató a la Librería Técnica? No fue una sola cosa. Fueron dos fuerzas que se combinaron sin piedad: las restricciones a las importaciones que se acumularon durante la última década —que golpearon especialmente al rubro técnico y especializado— y el avance imparable de la digitalización de libros. El estudiante de ingeniería que antes venía a buscar un manual de resistencia de materiales hoy lo descarga en PDF. El mercado cambió y el local de peatonal Córdoba no pudo adaptarse a tiempo.
El texto de despedida que publicaron en sus redes sociales fue, sin exageración, uno de los más conmovedores que se vieron en mucho tiempo en las redes rosarinas. "Hoy me toca despedirme. Y no sé muy bien cómo hacerlo. Después de más de 50 años, ¿cómo se despide una librería de una ciudad?", arrancaba el mensaje, escrito en primera persona como si la librería misma tomara la palabra.
El texto siguió con una frase que resume todo: "No fui solamente un lugar donde comprar libros. Fui parte de sus historias". Y tenían razón. En los comentarios de esa publicación aparecieron personas que contaron que sus abuelos compraban ahí, que ellos mismos pasaron por ese local en la secundaria y en la universidad, que hubo propuestas de casamiento entre las estanterías, fotos de quince años, presentaciones de autores. Una librería que fue, sin proponérselo, un escenario de la vida rosarina.
"Vi generaciones enteras pasar por mis puertas", escribieron. Y no era poesía barata: era la descripción literal de lo que fue ese local durante más de cinco décadas en una de las arterias más transitadas del centro de Rosario.
La reacción de la gente fue inmediata. "No puedo creer que hayan cerrado definitivamente. Ojalá vuelvan a abrir en un local más chico", pidió un seguidor. "Qué tristeza, tan amables todos, tan linda atención siempre", se lamentó otra persona. El hilo de comentarios se convirtió en un ejercicio colectivo de memoria afectiva que pocas noticias locales logran generar.
Hay, sin embargo, un dato que vale la pena no perder de vista: el cierre no es necesariamente el final de todo. Las hermanas Binetti se quedaron con miles de ejemplares por vender y evalúan lanzar un nuevo proyecto en la zona que combine la venta de libros con otro tipo de propuesta comercial para diversificar los ingresos. Eso sí: descartaron el segmento técnico-estudiantil y operarían bajo una marca diferente. La Librería Técnica, como tal, no vuelve. Pero quizás algo de ese espíritu encuentre una nueva forma.
Rosario pierde otro pedazo de su identidad comercial y cultural. La peatonal Córdoba va a quedar con un hueco que no es solo físico. Y cuando alguien pase por ahí y mire el local vacío, va a entender exactamente lo que escribieron al despedirse: "Espero que aparezca ese recuerdo". Va a aparecer. Esas cosas siempre aparecen.

Comentarios (15)
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Compré todos mis libros de arquitectura ahí. Primer año de facultad, sin plata, y el señor de la librería me separaba los libros y me dejaba pagarlos en cuotas. Eso no se olvida nunca. Una pena enorme.
Qué tristeza. Mi papá compraba ahí en los 80 y yo fui con él de chica. Después fui sola cuando entré a la UNR. Son 40 años de historia familiar en ese local. Gracias por todo.
Lamentable pero no sorprende. El Estado estuvo años poniendo palos en la rueda con las importaciones y después se rasgan las vestiduras cuando cierran los comercios. La culpa no es solo de la digitalización.
Disculpame pero la digitalización existe en todo el mundo y en otros países las librerías técnicas sobreviven. El problema es el contexto económico argentino, no la tecnología sola.
Exactamente eso dije, Valeria. Las restricciones a las importaciones son una política del Estado. No te contradije, te di la razón con otras palabras.
Igual hay que ser honestos: cuántos de los que ahora lloran en los comentarios compraban el PDF pirata en vez de ir al local? Pregunto para un amigo.
Yo, la verdad. Y me arrepiento. Pero cuando sos estudiante y no llegás a fin de mes no tenés muchas opciones. No es tan fácil como parece desde afuera.
No te estoy juzgando, Marce, me incluyo. Solo digo que la nostalgia está buena pero algo de autocrítica no vendría mal colectivamente.
Soy ingeniero civil y me recibí en 2003. Esa librería fue mi segunda casa durante cinco años. El tipo que atendía sabía de memoria qué libro necesitabas según la materia que cursabas. Eso no lo reemplaza ningún algoritmo.
El texto de despedida que publicaron me hizo llorar en el colectivo. No me importa si alguien me vio. Cincuenta y cinco años es una vida entera.
Ojalá el nuevo proyecto que dicen que están pensando salga bien. Las chicas Binetti se lo merecen después de tanto tiempo bancando el negocio. Mucha fuerza.
Me parece bien que reinventen el proyecto, pero que no pierdan la esencia. Rosario necesita espacios culturales que no sean solo bares temáticos o escape rooms.
La peatonal Córdoba se va quedando sin alma de a poco. Primero los cines, después los comercios de toda la vida, ahora esto. En algún momento alguien tiene que preguntarse qué ciudad estamos construyendo.
Bien dicho Diego. Y mientras tanto el municipio llena la peatonal de macetas y bicisendas como si eso fuera cultura. El fondo del asunto nadie lo toca.
No todo es culpa del municipio, seamos justos. Hay factores nacionales, globales, económicos. Pero sí, duele. Y mucho.