La tragedia que conmocionó a San Cristóbal este lunes, donde un adolescente de 15 años asesinó a un compañero e hirió a otros ocho en la Escuela Nº 40, volvió a poner en el centro del debate la violencia escolar. Según informó rosario3, el agresor solía llevar una guitarra al colegio, pero esta vez su estuche contenía un arma en lugar del instrumento musical.
La reflexión sobre este episodio cobra particular relevancia en el Gran Rosario, donde se registraron varios antecedentes similares en los últimos años. En junio de 2022, dos estudiantes de la Escuela Secundaria Nº 515 René Favaloro de Villa Gobernador Gálvez fueron suspendidos después de que uno ingresara con un arma blanca. Más recientemente, en mayo de 2025, un alumno de 15 años amenazó con un arma a compañeros y personal en la escuela Soldado Aguirre de la misma localidad.
Ana María Cazzoli, quien dirigió durante décadas la Escuela Primaria Nº 1027 'Luisa Mora de Olguín' en el barrio Ludueña, aporta una mirada histórica sobre esta problemática. De acuerdo con lo publicado por rosario3, la educadora recuerda que ya en los años '90 enfrentaron 'muchos hechos de violencia familiar y escolar: suicidios, violaciones y graves agresiones, incluso entre padres dentro de la escuela'.
La experiencia de Cazzoli en una de las instituciones más emblemáticas de los barrios populares rosarinos -conocida como 'la escuela del Padre Montaldo'- ilustra cómo la violencia escolar no es un fenómeno nuevo, aunque sí ha adquirido nuevas manifestaciones. Durante su gestión, que se extendió desde 1981 hasta 2009, la matrícula creció de 163 a 830 estudiantes distribuidos en tres niveles educativos.
Lo que resulta particularmente preocupante es que estos episodios violentos ya no se circunscriben únicamente a contextos de vulnerabilidad social. El paso del tiempo ha demostrado que la violencia escolar trasciende las barreras socioeconómicas, manifestándose también en establecimientos de otros barrios y niveles de ingreso.
La respuesta pedagógica que desarrollaron en Ludueña, centrada en el trabajo sobre autoestima y resiliencia, surge como una experiencia valiosa para abordar estas problemáticas desde una perspectiva integral que considere tanto el contexto familiar como el social más amplio.

Comentarios (11)
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Como docente de Villa Banana hace 25 años, puedo decir que la violencia en las escuelas no es nueva. Lo que cambió es la intensidad y que ahora llegó a todos los sectores sociales.
Hay que dejar de romantizar la educación. Los pibes vienen de familias rotas, sin límites, y después nos sorprendemos cuando pasa esto.
Es fundamental que los docentes tengamos más herramientas para detectar estas situaciones. No podemos seguir mirando para otro lado.
¿Y los psicólogos en las escuelas? ¿Los gabinetes? Todo recortado. Así nos va.
Trabajo en zona oeste y veo chicos que necesitan contención urgente. El problema no es solo la violencia, es la falta de acompañamiento integral.
Muy fácil echarle la culpa a los docentes cuando el Estado nos abandona. Somos psicólogos, asistentes sociales y maestros todo junto.
Como madre y docente, creo que tenemos que trabajar más la educación emocional desde jardín. Es clave para prevenir estas tragedias.
En mi escuela de zona sur ya tuvimos varios episodios graves. Necesitamos protocolos claros y apoyo real del ministerio.
Los medios también tienen responsabilidad. Tanto morbo con estos casos puede generar copycats.
Es hora de que la sociedad entienda que la escuela no puede sola. Familia, Estado y comunidad tienen que trabajar juntos.
Llevo 30 años en la educación y nunca vi tanta angustia en los chicos. Algo está pasando y no sabemos cómo frenarlo.