Lo que Marina Dal Poggetto dice sobre la economía argentina no es fácil de escuchar para nadie. Ni para el Gobierno, que prefiere los titulares de la recuperación. Ni para la oposición, que necesita el relato del fracaso total. La economista, directora de Eco Go y una de las voces más respetadas del análisis macroeconómico local, eligió la complejidad: reconoce avances, pero marca con precisión quirúrgica dónde está la fractura.
"La cadena de transmisión de la economía está rota", sintetizó Dal Poggetto en una entrevista reciente. "El crédito no tracciona el consumo y la inversión". Una frase que resume, en pocas palabras, la paradoja del momento: hay pesos en el sistema, hay depósitos creciendo, pero ese dinero no llega a los bolsillos ni a las empresas que más lo necesitan.
¿Qué le reconoce al plan después de dos años y medio? "Que se fue adaptando", dijo sin vueltas. Señaló que el gobierno reseteó su estrategia desde principios de este año, cuando el Banco Central volvió a comprar dólares y a monetizar la economía. Antes, el propio oficialismo decía que acumular reservas no era un objetivo en un esquema de tipo de cambio flexible. Hoy, con casi 12.000 millones de dólares comprados por el BCRA, la narrativa cambió. Dal Poggetto lo describe con una metáfora que tomó prestada del mundo de la política china: "Mi ejército nunca retrocede, solo pega la media vuelta y sigue para adelante".
Pero la flexibilidad del gobierno no resuelve el problema de fondo. La economista identifica dos velocidades que conviven sin tocarse: por un lado, sectores dinámicos como energía, minería, agro y finanzas, que representan apenas el 15% del producto y el 9% del empleo. Por el otro, el comercio, la industria y la construcción, que siguen cayendo. "Estas dos velocidades no arrastran los niveles de actividad y empleo en su conjunto", advirtió. Y agregó algo que debería preocupar a cualquier planificador económico: "La economía nueva tributa mucho menos que la vieja".
El consumo, en ese esquema, está atrapado. Dal Poggetto es clara: el modelo está diseñado para crecer por exportaciones e inversiones impulsadas por el RIGI, no por el mercado interno. Eso puede funcionar en términos macroeconómicos, pero tiene un costo social concreto. "Los salarios están básicamente estancados en términos reales y el empleo formal sigue cayendo, compensado en parte con el empleo informal", señaló. Los números son elocuentes: dos puntos de aumento en la tasa de desempleo desde que asumió Milei, y un punto más si se suma el subempleo.
¿Y los pesos? Ahí está otro nudo. El driver inicial de la recuperación fue la expansión del crédito, financiada por el desarme de los pasivos remunerados del Banco Central. Hoy, esa expansión debería venir de la emisión detrás de la compra de dólares. Pero los pesos que entran al sistema terminan en depósitos y de ahí en títulos del Tesoro, no en crédito productivo. "No ocurre por una decisión del Gobierno", aclaró Dal Poggetto, "sino por un faltante en la demanda". Dicho de otro modo: no es que los bancos no quieran prestar, es que las familias y las empresas no tienen confianza ni capacidad para endeudarse.
El diagnóstico de Dal Poggetto no es el de una opositora buscando el titular fácil. Es el de una economista que estuvo de acuerdo con la corrección fiscal inicial, que reconoce la adaptabilidad del gobierno y que, aun así, ve una economía que no termina de cerrar el círculo. Hay superávit fiscal, hay acuerdo con el FMI, hay sectores que crecen a tasas altas. Pero también hay una clase media que no recupera poder adquisitivo, un empleo formal que se achica y un crédito que no llega donde tiene que llegar.
La pregunta que queda flotando, y que Dal Poggetto no responde pero instala, es si este modelo puede sostenerse políticamente en el tiempo sin que la mejora macroeconómica se traduzca en algo tangible para la mayoría. La historia argentina sugiere que esa brecha, cuando se sostiene demasiado tiempo, termina pasando factura.

Comentarios (15)
Deja tu comentario
Dal Poggetto es de las pocas que dice lo que ve sin importar si le conviene políticamente. Que reconozca avances del gobierno y al mismo tiempo marque los problemas estructurales es exactamente lo que necesitamos escuchar. Menos militancia, más análisis.
Che, pero si el gobierno reconoce que cambió de estrategia varias veces, ¿eso no es exactamente lo que criticaban de los gobiernos anteriores? Que no tenían un plan claro?
No es lo mismo adaptar una estrategia que no tener ninguna. Todos los planes económicos serios se ajustan según el contexto. El problema es cuando el ajuste es solo narrativo y no real.
Igual siempre termina siendo lo mismo: los de arriba crecen, los de abajo se arreglan como pueden. Dos velocidades le dicen. Yo le digo otra cosa.
Lo del crédito que va a títulos del Tesoro en lugar de al consumo es un problema serio que nadie en el gobierno quiere discutir. El sistema financiero está sano en el papel pero no cumple su función básica.
Trabajo en comercio hace 20 años y lo que describe esta señora es exactamente lo que vivo todos los días. La gente no tiene plata para gastar. Los que tienen plata la ahorran en dólares. El círculo no cierra nunca.
Y sin embargo la inflación bajó, el dólar está tranquilo y hay sectores que crecen. Algo están haciendo bien, ¿no? No todo es catastrófico.
Sí, la inflación bajó. Pero mis ventas cayeron un 30% en dos años. Con inflación baja y sin clientes tampoco se puede vivir.
Lo del RIGI me preocupa como modelo de desarrollo. Básicamente estamos apostando todo a que las grandes inversiones extranjeras en minería y energía traccionan al resto. Eso tardó décadas en otros países y acá queremos que pase en dos años.
Igual hay que reconocer que Dal Poggetto no es kirchnerista ni nada por el estilo. Si ella dice que hay problemas, hay problemas. No es una militante.
El dato del empleo informal creciendo para compensar el formal que cae es lo más preocupante de todo. Eso significa menos aportes, menos jubilaciones futuras, más precariedad. Un problema que vamos a pagar en 20 años.
Muy buen análisis el de la economista. Aunque me parece que subestima el efecto del blanqueo y el acuerdo con el FMI en estabilizar expectativas. Sin eso, no habría ni de qué hablar hoy.
Acá en Rosario lo sentimos en carne propia. El puerto exporta récords, los silos están llenos, y el almacenero de la vuelta está fundido. Dos velocidades, sí. Perfectamente descripto.
Pero eso pasó siempre, no es nuevo. El campo exporta y el interior no ve la plata. Eso no es culpa de Milei, es estructural.
Estructural sí, pero este gobierno lo profundizó con el RIGI y la baja de retenciones. No es lo mismo.