Hay nombres que no pasan de moda en la Argentina, y Mirtha Legrand es uno de ellos. La conductora más icónica de la televisión nacional vuelve a encender las redes sociales y los buscadores de internet, con más de mil búsquedas registradas en las últimas horas en Google Argentina. Un fenómeno que, como siempre, también se siente en Rosario, donde la diva tiene una legión de seguidores incondicionales.
Desde los barrios del sur hasta el centro de nuestra ciudad, los rosarinos tienen una relación particular con la mesaza de Mirtha. Los almuerzos y cenas de la diva son, desde hace décadas, un ritual familiar. Abuelas, madres, laburantes que se sientan frente al televisor después de una semana agotadora para ver quién se sienta a la mesa y qué se dice. Porque en el programa de Mirtha, tarde o temprano, siempre se dice algo importante.
Y acá viene el análisis que a mí me interesa hacer. Mirtha Legrand no es solo espectáculo. Es un termómetro político y social de la Argentina. Cuando un funcionario, un artista o un empresario se sienta en esa mesa, lo que dice —o lo que no dice— importa. En tiempos del ajuste de Milei, donde los jubilados cobran una miseria y los trabajadores pierden poder adquisitivo mes a mes, lo que se debate en ese programa tiene peso real. Porque la gente lo mira, lo comenta, lo comparte.
En Rosario, ciudad con una tradición sindical y peronista muy fuerte, el interés por Mirtha también pasa por ese lado. Cuando la conductora interpela a un ministro, cuando le pregunta por los aumentos o por la situación de los más humildes, hay algo que resuena en el trabajador rosarino. No es casualidad que cada vez que hay una entrevista picante en el programa, los grupos de WhatsApp del barrio exploten con opiniones.
La vigencia de Mirtha Legrand a su edad es, hay que reconocerlo, un fenómeno cultural sin igual en la televisión latinoamericana. Décadas al frente de la pantalla, sobreviviendo a todos los gobiernos, a todas las crisis, a todos los cambios de canal y de formato. Eso habla de una mujer con una fortaleza notable. Aunque no siempre coincida con sus posiciones políticas —y en más de una ocasión me ha parecido que la mesa se inclina para cierto lado—, no puedo negarle el mérito de seguir siendo la reina indiscutida de la televisión argentina.
Lo que sí le pido a la diva, desde estas páginas rosarinas, es que no le cierre la puerta a los temas que duelen de verdad: la pobreza que crece, los pibes sin trabajo, los jubilados que eligen entre el medicamento y la comida. Esos temas también merecen un lugar en la mesaza más famosa del país. Porque si Mirtha habla de eso, la Argentina escucha. Y en Rosario, lo sabemos mejor que nadie.
Comentarios (4)
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Mirtha es un clásico, en casa siempre la vemos los sábados. Lo que me gustaría es que invite más gente del mundo sindical, que hable de los que laburamos de verdad.
Muy de acuerdo con Hugo. La mesaza tiene que hablar más de los jubilados y los trabajadores. Mirtha tiene el poder de instalar temas y a veces lo desperdicia con frivolidades.
Mirtha es Mirtha, no hay otra. Puede gustar o no su línea política pero nadie le puede negar la trayectoria. Acá en el barrio Fisherton la miramos todos los fines de semana.
Buen artículo Hugo, aunque yo creo que Mirtha últimamente se fue bastante para el lado del establishment. Igual sigue siendo la más picante cuando quiere preguntar algo incómodo.