Son casi 900.000 argentinos los que hoy tienen sus deudas en manos de agencias de cobro. No es un número menor, ni una estadística fría: detrás de cada uno de esos casos hay una familia que no llega, una cuenta que no cierra, un sistema que expulsa a los que menos tienen.
Según un informe del Instituto Argentina Grande (IAG), elaborado a partir de datos del Banco Central de la República Argentina, en julio de 2026 exactamente 882.173 deudores tenían sus compromisos financieros transferidos a agencias de cobranza. La cifra no solo es récord: muestra una tendencia que se profundizó durante el último año y que no da señales de revertirse.
¿Qué significa que una deuda llegue a una agencia de cobro? Que el acreedor original —un banco, una financiera, una tarjeta— ya desistió de recuperar ese dinero por sus propios medios. Cede la cartera, generalmente a precio de descuento, y el deudor queda en manos de empresas especializadas en presión y negociación. Para el ciudadano de a pie, es el escalón previo a la inhabilitación crediticia total.
El fenómeno no es nuevo, pero su escala actual es inédita. Durante 2025 y lo que va de 2026, la combinación de inflación persistente, tasas de interés elevadas y caída del salario real generó una tormenta perfecta para el endeudamiento de los hogares. Muchos tomaron créditos para consumo básico —alimentos, servicios, medicamentos— y hoy no pueden sostener las cuotas.
El dato del IAG se suma a una serie de señales de alerta que vienen acumulándose en el sistema financiero argentino. La morosidad en tarjetas de crédito y préstamos personales viene escalando trimestre a trimestre, y los bancos privados ya ajustaron sus criterios de otorgamiento para reducir la exposición al riesgo.
Cuánto más puede crecer este número antes de que el Estado tome medidas concretas de alivio para los sectores más vulnerables es la pregunta que nadie en el Gobierno parece querer responder. Mientras tanto, las agencias de cobro hacen su agosto —literalmente— con una cartera que no para de engordar.
Lo que está pasando en Argentina no es solo un problema financiero: es un termómetro social. Cuando casi un millón de personas no puede pagar sus deudas, el sistema no está fallando en los márgenes. Está fallando en el centro.

Comentarios (13)
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Soy una de esas 882.000 personas. Me quedé sin trabajo en marzo, usé la tarjeta para comer y pagar el alquiler, y ahora me llaman de una agencia todos los días. No soy irresponsable, soy una persona que no llegó. Hay una diferencia enorme.
Nadie te obligó a endeudarte. Si tomás crédito, lo tenés que pagar. Así de simple.
Rodrigo, ¿vos nunca tuviste un imprevisto en la vida? Fácil opinar desde afuera.
Lo de Rodrigo es una falta de empatía impresionante. Cuando la inflación te come el sueldo, el crédito no es un capricho, es supervivencia. Que alguien se lo explique.
Trabajo en el sistema financiero y puedo confirmar que la cartera morosa explotó. Los bancos están siendo mucho más restrictivos para dar préstamos nuevos, lo que paradójicamente complica más a la gente que necesita refinanciar.
Un millón de personas sin poder pagar sus deudas y el gobierno hablando de superávit fiscal. Algo no cierra.
El superávit fiscal y la morosidad pueden coexistir, son cosas distintas. El ajuste del Estado no implica automáticamente que la gente pueda pagar sus deudas privadas. Pero sí, el contexto de tasas altas tiene mucho que ver.
Las agencias de cobro son lo peor. Te llaman a cualquier hora, te amenazan, te presionan. Hay que regularlas más fuerte.
Dato que falta en la nota: muchas de esas deudas se pueden negociar con quitas importantes. Si estás en esa situación, no ignores las llamadas, negociá. A veces te condonan hasta el 50% si pagás de contado.
gracias por el dato luci, no sabia eso
Esto es lo que pasa cuando la política económica prioriza el equilibrio de las cuentas públicas sobre el bolsillo de la gente. No es ideología, es matemática: si el salario no le gana a la inflación, la gente se endeuda y después no puede pagar.
Mi hijo tiene 28 años, trabaja, y no le dan crédito en ningún banco porque figura en el Veraz por una deuda de $15.000 de 2024. Hoy esa plata no alcanza para nada pero él sigue inhabilitado. El sistema está roto.
Y mientras tanto los que deben millones en dólares al exterior siguen tan campantes. La justicia financiera en este país es un chiste.