El Banco Central de la República Argentina (BCRA) atraviesa lo que en los despachos oficiales llaman "los meses secos": en las primeras tres semanas de septiembre de 2026, el organismo acumuló apenas US$ 203 millones en compras de divisas, aproximadamente una cuarta parte de los US$ 770 millones adquiridos durante agosto, un mes que ya había sido inusualmente moderado.
El dato llama la atención del mercado, aunque el contexto general sigue siendo positivo: el BCRA superó los US$ 13.300 millones acumulados en lo que va del año, manteniendo una tendencia compradora que el equipo económico de Javier Milei considera sólida. El interrogante, sin embargo, es si la desaceleración responde a razones técnicas y estacionales o si hay algo más estructural detrás.
Desde la consultora LCG advirtieron que el ritmo comprador cayó a US$ 8 millones diarios la semana pasada y a US$ 11 millones en las primeras ruedas de esta semana, representando apenas el 3% del volumen operado en el mercado de cambios. "El menor ritmo comprador deja entrever cautela con la dinámica cambiaria; más adelante se verá, cuando aparezcan los datos detallados del MLC, si es el resultado de mayores compras de dólares por parte de las personas físicas", señalaron desde esa consultora.
La lectura oficial, en cambio, es más tranquilizadora. Una fuente con conocimiento directo de las operaciones del BCRA fue tajante: "Agosto y septiembre son meses secos y no hay registros recientes de compras del Banco Central en estos meses en los últimos años". El argumento es que la estacionalidad del agro —principal proveedor de divisas del país— explica naturalmente el menor flujo de liquidaciones en este período del calendario.
El Gobierno anticipa que la situación revertirá en el último trimestre del año, cuando arranque la liquidación de la cosecha de trigo, cuyas perspectivas son favorables. Ese ingreso de divisas debería darle al BCRA mayor margen para intervenir en el mercado y seguir engrosando reservas.
Pero hay otro factor que el equipo económico reconoce: la dinámica del mercado de deuda. Tras un período de compras intensas, la colocación de deuda del Tesoro en la curva larga se saturó. Si el Central seguía inyectando pesos comprando dólares, esos pesos migraban hacia títulos cortos, algo que no convenía para el equilibrio macroeconómico. En ese sentido, la menor intervención también puede leerse como una decisión deliberada de gestión de liquidez, no solo como una consecuencia pasiva de la estacionalidad.
Respecto al repunte en la compra de dólares por parte de individuos —otro factor que algunos analistas señalan como posible causa del menor saldo comprador del BCRA—, desde el oficialismo relativizan la interpretación. Argumentan que la capacidad de ahorro de los hogares es estructuralmente rígida y no varía de forma abrupta mes a mes. Además, sostienen que buena parte de esas adquisiciones minoristas termina canalizándose hacia el mercado paralelo o funciona como un mecanismo indirecto para que empresas sin acceso al mercado oficial cancelen deudas comerciales o dividendos.
La postura de fondo del equipo económico es clara: la acumulación de reservas no debe forzarse artificialmente como una meta en sí misma, sino entenderse como el resultado natural de la estabilidad macroeconómica y de un superávit estructural impulsado por sectores como la energía y la minería. Bajo esa lógica, el menor ritmo comprador de septiembre no sería una señal de alarma, sino parte de un ciclo previsible dentro de una estrategia más amplia.
Lo que sí queda claro es que el BCRA está usando el margen que le da el esquema de bandas de flotación cambiaria para poner un techo implícito al dólar mayorista y reforzar el ancla cambiaria de cara al cierre del año. En un contexto donde la inflación sigue siendo el principal termómetro político del gobierno de Milei, mantener el tipo de cambio estable tiene un valor que va más allá de las reservas.
Con información de: Clarín

Comentarios (14)
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Lo que no dicen es que las reservas netas siguen siendo negativas. Comprar US$ 13.000 millones brutos suena bien, pero si descontás los pasivos del Central la foto cambia bastante.
Gonzalo, las reservas netas son un tema, sí, pero la tendencia compradora del año es innegable. Comparado con lo que dejó el kirchnerismo, esto es otro planeta.
El Tano, comparar con el kirchnerismo es la excusa de siempre. Dos años de gestión y las reservas netas siguen en rojo. En algún momento hay que rendir por los propios resultados, no por los del rival.
Jajaja el Tano sacó el comodín kirchnerismo en el segundo comentario, récord 😂
Che, ¿y cuándo van a explicar por qué el dólar blue sigue tan alto si todo va tan bien? Pregunto para un amigo.
La estacionalidad es un argumento válido. Siempre fue así con el agro. El problema es que la gente no entiende cómo funciona el mercado cambiario y se alarma con cualquier número.
Lo que me parece interesante del artículo es el dato de que el BCRA frena las compras para no saturar la curva larga de deuda. Eso muestra que hay una estrategia detrás, no solo improvisación.
Estrategia o no, acá en Rosario los exportadores de soja siguen sin liquidar porque el tipo de cambio no les cierra. Eso es lo que debería estar en el título.
Rosarino indignado, tenés razón en eso. La brecha entre el tipo de cambio que necesita el productor y el que fija el Gobierno es un tema que se soslaya en el análisis oficial.
Buena nota, bien explicado el tema de la estacionalidad. Mucha gente confunde el ritmo mensual con una tendencia de largo plazo. El contexto importa.
¿Y el trigo va a alcanzar para tapar el agujero? Porque los vencimientos de deuda del año que viene son bravos.
Che, el 3% del volumen operado es muy poco. Si el Central casi no interviene, ¿quién está sosteniendo el tipo de cambio dentro de la banda?
Lo de las empresas que usan las compras minoristas para cancelar deudas de forma indirecta es un dato que no se menciona seguido. Muestra que el mercado siempre encuentra la vuelta.
igual mientras el dolar no explote y la inflacion siga bajando yo banco la gestion. despues vemos